Nota 2.- Velas y neones.
Me encantaba aquel ambiente. El interior de la sala estaba decorado en tonos oscuros, con decenas de luces rojizas de pared, iluminando levemente en unos sugerentes rojizos las paredes principales, e insinuando la localización de los reservados, mucho menos "llamativos".
La música estaba alta, como era costumbre en estos concurridos lugares donde a aquellos que no podíamos dormir durante la noche nos gustaba acudir.
El ambiente, mezcla de aquellos sonidos repetitivos y de ritmos marcados, junto con los tonos rojizos de las luces y los cuerpos exhibiéndose lujuriosamente, me excitaba. Siempre que pasaba las grandes cortinas que separaban el pasillo de entrada de la sala principal me paraba y observaba. Me erguía y miraba con una mirada de cazadora y media sonrisa mientras con la lengua saboreaba mis propios labios.
Él era más serio, más directo; no solía ser tan expresivo cuando estudiaba el ambiente. Y eso me encantaba. Tenía una mirada fija, decidida, contundente y muy, muy sexy. Con su larga melena oscura y sus anchas espaldas, con la mirada fija, estaba increiblemente sensual. Me ponía mirarle así, sin que él me viera, de reojo, justo antes de girarse, como siempre, y decirme:
- Querida, ¿ya has decidido?
Tenía esa deliciosa mezcla de hombre decidido y caballeroso que hacía que cualquier mujer cayera al instante en sus brazos -cosa que también me gustaba mirar-.
Entonces, cogiéndome la mano de una forma sólo habitual hacía décadas, me dirigía hacia nuestro reservado: el rincón privado más separado de los demás, al final de la gran sala.
Con paso tranquilo pero decidido atravesábamos la marabunta de gente sin molestarnos en ser molestados por los movimientos de los demás, que eran manipulados sin problema alguno -una gran ventaja de nuestra condición, sin duda-, hasta llegar frente a las aterciopeladas cortinas color vino.
Retirando una de las cortinas me cedía el paso, como siempre, mientras miraba a nuestro alrededor -siempre estaba alerta, en todos los sentidos e independientemente del lugar donde estuviéramos-. En ese momento, justo antes entrar, me gustaba volver a mirarle a la cara; era esa mirada de cazador la que me enamoró y que, aún hoy, tanto tiempo después, me seguía enamorando.
Él entró después y, al soltar la cortina, la ya familiar decoración cobró importancia: había una pequeña mesa circular con algunas velas, dos copas con vino bajo dos servilletas negras con el logotipo de la discoteca, y un pequeño recipiente de cristal rojo; rodeando a la mesa había un gran sofá en forma de "u" de tapizado a juego con el color de las luces exteriores que ocupaba las tres paredes del reservado. Y sobre éste y en el suelo, sujetos por pequeños recipientes y estrategicamente colocadas, más velas que iluminaban la esancia; por último, un par de altos candelabros que sostenían velas rojas que acababan de ser prendidas por el encargado del local. El lugar estaba preparado como siempre, y con una puntualidad exquisita. El escenario perfecto para lo que allí iba a suceder.
martes, 25 de noviembre de 2008
domingo, 23 de noviembre de 2008
"Gula"
Nota 1.- Oscura noche.
Era una noche cerrada. Una de esas noches en las que sólo la luz de una luna llena alumbra una oscura y adormilada ciudad.
Caminábamos por las vacías calles de las afueras, en busca de un lugar donde poder divertirnos. Él y yo, juntos. Pero esta vez teníamos un pequeño capricho: compartir la noche con algún alma solitaria que buscara experiencias diferentes, en grupo, con una pareja dispuesta a todo con tal de pasarlo bien.
Estábamos llegando al lugar en cuestión cuando, cruzando una pequeña plaza peatonal, un famélico perro salió a nuestro encuentro, gruñendo. Paramos en seco, mirándole. Por un momento el perro levantó las orejas, dejó de jadear y gruñir y empezó a retirarse, sin dejar de mirarnos fijamente a los dos. Se quejaba, como dolido, o quizá receloso, por algo. Dio la vuelta y salió corriendo, desapareciendo calle abajo. Volvimos a emprender la marcha y pronto llegamos a una gran puerta metálica, flanqueada por dos enormes gorilas que rozarían los dos metros de altura. Ambos vestían trajes negros, con camisa blanca y corbara negra, perfectamente situada en sus anchos cuellos. Pese a ser de noche vestían gafas de sol y unos discretos micrófonos que marcaban sus mejillas. Al acercarnos giraron levemente sus cabezas y siguieron nuestros pasos hasta que estuvimos frente a ellos. Eran enormes. Incluso junto a "él", que era fuerte y de anchas espaldas, los gorilas parecían dos enormes torres.
- ¿Qué desean los señores? -dijo el más alto-.
- Entrar -dije yo, con la voz suave-.
- Me temo que debo pedirles la invitación; hoy hay una fiesta privada en el interior del local -dijo de nuevo-.
- No tenemos entrada; ni la necesitamos. Apartaos -dije-.
Mirándoles fijamente noté cómo se movían y abrían las puertas, dejándonos entrar sin causar problemas. Así... Así me gusta que responda este tipo de basura; sin rechistar. No hubieran podido hacer nada, aunque hubieran querido, porque yo les controlaba. La midada de una fémina como yo era irresistible, y eso era algo que me encantaba poner en práctica con cualquier estúpido insensato y engreído que osara pensar en mí como un trofeo. No, conmigo no era posible jugar, a no ser que yo misma quisiera. Sólo le rendía cuentas a "él", como "él" me las rendía a mí. Ambos, pese a nuestra peculiar naturaleza, sentíamos la misma unión que el resto de los mortales. Una unión que gozábamos cada instante, cada noche que compartíamos dando rienda suelta a nuestras más oscuras fantasías. Y hoy, esta noche, sería una de las más intensas.
Era una noche cerrada. Una de esas noches en las que sólo la luz de una luna llena alumbra una oscura y adormilada ciudad.
Caminábamos por las vacías calles de las afueras, en busca de un lugar donde poder divertirnos. Él y yo, juntos. Pero esta vez teníamos un pequeño capricho: compartir la noche con algún alma solitaria que buscara experiencias diferentes, en grupo, con una pareja dispuesta a todo con tal de pasarlo bien.
Estábamos llegando al lugar en cuestión cuando, cruzando una pequeña plaza peatonal, un famélico perro salió a nuestro encuentro, gruñendo. Paramos en seco, mirándole. Por un momento el perro levantó las orejas, dejó de jadear y gruñir y empezó a retirarse, sin dejar de mirarnos fijamente a los dos. Se quejaba, como dolido, o quizá receloso, por algo. Dio la vuelta y salió corriendo, desapareciendo calle abajo. Volvimos a emprender la marcha y pronto llegamos a una gran puerta metálica, flanqueada por dos enormes gorilas que rozarían los dos metros de altura. Ambos vestían trajes negros, con camisa blanca y corbara negra, perfectamente situada en sus anchos cuellos. Pese a ser de noche vestían gafas de sol y unos discretos micrófonos que marcaban sus mejillas. Al acercarnos giraron levemente sus cabezas y siguieron nuestros pasos hasta que estuvimos frente a ellos. Eran enormes. Incluso junto a "él", que era fuerte y de anchas espaldas, los gorilas parecían dos enormes torres.
- ¿Qué desean los señores? -dijo el más alto-.
- Entrar -dije yo, con la voz suave-.
- Me temo que debo pedirles la invitación; hoy hay una fiesta privada en el interior del local -dijo de nuevo-.
- No tenemos entrada; ni la necesitamos. Apartaos -dije-.
Mirándoles fijamente noté cómo se movían y abrían las puertas, dejándonos entrar sin causar problemas. Así... Así me gusta que responda este tipo de basura; sin rechistar. No hubieran podido hacer nada, aunque hubieran querido, porque yo les controlaba. La midada de una fémina como yo era irresistible, y eso era algo que me encantaba poner en práctica con cualquier estúpido insensato y engreído que osara pensar en mí como un trofeo. No, conmigo no era posible jugar, a no ser que yo misma quisiera. Sólo le rendía cuentas a "él", como "él" me las rendía a mí. Ambos, pese a nuestra peculiar naturaleza, sentíamos la misma unión que el resto de los mortales. Una unión que gozábamos cada instante, cada noche que compartíamos dando rienda suelta a nuestras más oscuras fantasías. Y hoy, esta noche, sería una de las más intensas.
miércoles, 5 de noviembre de 2008
Una presentación simpática.
Hoy os traemos un trocito más de la historia. Aunque alguna vez lo he comentado por encima, lo vuelvo a poner. Me gusta cómo el chico, que se presenta un poquito torpón al principio, extrae una sonrisa de la chica nada más verla. Estas cosas que, cuando las haces -sobre todo sin darte cuenta-, son muy bonitas.
[...]
"Noté cómo la gente se levantaba a mí alrededor… Debía ser ya la hora del café. Pero no. Pronto noté una mano sobre mi hombro que requería de mi atención: era el jefe. Mientras quitaba los auriculares, y aún sin enterarme de lo que me decía por el alto volumen de la música, se apartó para dejar a la vista a la nueva incorporación. ¡Y menuda incorporación! Los ojos se me abrieron como platos al verla: una chica rubia, preciosa, escandalosamente guapa y… Bueno, la verdad es que no había visto algo así más que en las películas o, como mucho, sobre la plataforma de alguna discoteca, bailando al ritmo de la estruendosa música típica de las juergas nocturnas ibicencas.
Me levanté de golpe, como llamado por mi testosterona, lo que provocó que los auriculares se me cayeran al instante, dando un fuerte tirón a mis orejas. ¡Menuda sensación de ridículo tan espantosa! Mi cara debía parecer un cromo, porque la chica empezó a reír. Aquel dulce sonido se me antojó un tanto pícaro, como si lo hiciera en parte aposta."
[...]
-Él-
[...]
"Noté cómo la gente se levantaba a mí alrededor… Debía ser ya la hora del café. Pero no. Pronto noté una mano sobre mi hombro que requería de mi atención: era el jefe. Mientras quitaba los auriculares, y aún sin enterarme de lo que me decía por el alto volumen de la música, se apartó para dejar a la vista a la nueva incorporación. ¡Y menuda incorporación! Los ojos se me abrieron como platos al verla: una chica rubia, preciosa, escandalosamente guapa y… Bueno, la verdad es que no había visto algo así más que en las películas o, como mucho, sobre la plataforma de alguna discoteca, bailando al ritmo de la estruendosa música típica de las juergas nocturnas ibicencas.
Me levanté de golpe, como llamado por mi testosterona, lo que provocó que los auriculares se me cayeran al instante, dando un fuerte tirón a mis orejas. ¡Menuda sensación de ridículo tan espantosa! Mi cara debía parecer un cromo, porque la chica empezó a reír. Aquel dulce sonido se me antojó un tanto pícaro, como si lo hiciera en parte aposta."
[...]
-Él-
Aún así, te inspiras...
No eres escritor. Pero, ¿acaso se necesita un título para expresar lo que uno siente? No, no lo creo.
No eres poeta. Aunque intentas plasmar todo lo que piensas de una forma lo más armoniosa posible -aunque con cierto temor a que alguien lo lea-, acorde con la melodía que dictan los latidos de tu corazón.
No eres artista, pero lo que realmente te importa cuando lo intentas es plasmar un trocito de tí.
No eres famoso, y apenas te conoce gente. Y aún así no dudarías en gritar lo que sientes para que todo el mundo te escuchara.
No eres muchas cosas.Aunque hay algo que sí eres: eres tú mismo, y eso nadie te lo puede quitar. Haz lo que tu corazón, tu mente y tu alma te pidan; expresa todo eso que acumulas en tu interior de la mejor posible, pero sin renunciar a tu identidad, a esa pequeña "marquita" que te identifica y que impregna todo lo que haces, convirtiéndolo en algo único. Sé único. Sé tú mismo.
-Él-
No eres poeta. Aunque intentas plasmar todo lo que piensas de una forma lo más armoniosa posible -aunque con cierto temor a que alguien lo lea-, acorde con la melodía que dictan los latidos de tu corazón.
No eres artista, pero lo que realmente te importa cuando lo intentas es plasmar un trocito de tí.
No eres famoso, y apenas te conoce gente. Y aún así no dudarías en gritar lo que sientes para que todo el mundo te escuchara.
No eres muchas cosas.Aunque hay algo que sí eres: eres tú mismo, y eso nadie te lo puede quitar. Haz lo que tu corazón, tu mente y tu alma te pidan; expresa todo eso que acumulas en tu interior de la mejor posible, pero sin renunciar a tu identidad, a esa pequeña "marquita" que te identifica y que impregna todo lo que haces, convirtiéndolo en algo único. Sé único. Sé tú mismo.
-Él-
miércoles, 29 de octubre de 2008
El beso

Y he aquí, lo que prometimos hace tiempo: el boceto del primer beso que se dan los dos protagonistas de la historia.
Mírales. ¿Ves cómo él sujeta y acaricia delicadamente su mejilla mientras la besa? Ella se entrega totalmente a él, y la zona levemente sonrojada de sus mejillas, junto con la inclinación de su cuello y la relajada forma de sus ojos son los mejores rasgos que lo demuestran. Su pelo cae de forma perfecta, con ese mechoncito rebelde que escapa y embellece el contorno de la cara.
Él muestra decisión, delicadeza, suavidad... Sus ojos están cerrados, como los de ella, dejando claro que ambos están centrados en sentir los labios del otro. Captada magistralmente por "Ella", nos regala el instante justo antes de que contacten sus labios y fluya una energía sexual que me cuesta describir con palabras.
Cada vez que veo esta ilustración me quedo sin palabras. Porque es... Especial. Y cuando la vives así, y te das cuenta de estos pequeños detalles, te das cuenta de que estás bajo el influjo del más profundo, puro y maravilloso amor.
Y a tí, ¿qué te parece?
-Él-
sábado, 25 de octubre de 2008
Y la chica invisible dejó de serlo
[...]
Y así aquella chica pudo al fin pensar sobre sí misma e interpretar qué tenía que hacer.
Ella necesitaba que la amaran, que la trataran como a una mujer, recibiendo cariño, disfrutando de todo momento y encontrando esa complicidad que tanto ansiaba. Eso necesitaba y eso sabía que debía buscar, y no conformarse con menos.
Ella, la chica invisible, por fín dejó de serlo y empezó a sonreir de nuevo; y su sonrisa, que no era más que una expresión exterior de su superación interior, le devolvió la esperanza.
Querida amiga "invisible", ese es el camino, y tú lo has encontrado al fin.
Dedicado a Cris (Andrea).
-Él-
Y así aquella chica pudo al fin pensar sobre sí misma e interpretar qué tenía que hacer.
Ella necesitaba que la amaran, que la trataran como a una mujer, recibiendo cariño, disfrutando de todo momento y encontrando esa complicidad que tanto ansiaba. Eso necesitaba y eso sabía que debía buscar, y no conformarse con menos.
Ella, la chica invisible, por fín dejó de serlo y empezó a sonreir de nuevo; y su sonrisa, que no era más que una expresión exterior de su superación interior, le devolvió la esperanza.
Querida amiga "invisible", ese es el camino, y tú lo has encontrado al fin.
Dedicado a Cris (Andrea).
-Él-
domingo, 19 de octubre de 2008
Y así, el chico era feliz... (dedicado)
[...]
Entonces olvidó su soledad. Porque estaba con ella, la tenía a su lado; y eso era lo único que le bastaba para ser feliz, para tenerlo todo, para olvidarse de cualquier cosa. Sólo ella; necesitaba sólo que estuviera a su lado, para ser feliz. Y todas las brumas y nieblas se despejaban, como siempre que se volvían a juntar.
Sí, así, él era feliz...
[...]
Dedicado a "TD".
-Él-
Entonces olvidó su soledad. Porque estaba con ella, la tenía a su lado; y eso era lo único que le bastaba para ser feliz, para tenerlo todo, para olvidarse de cualquier cosa. Sólo ella; necesitaba sólo que estuviera a su lado, para ser feliz. Y todas las brumas y nieblas se despejaban, como siempre que se volvían a juntar.
Sí, así, él era feliz...
[...]
Dedicado a "TD".
-Él-
sábado, 18 de octubre de 2008
Fin de semana frío
La noche se cierra sobre el nublado cielo y aquí, con las catedrales como maravillosa vista a través de la ventana, noto el frío del otoño.
Ah, el otoño... Qué época tan bonita, ¿verdad? Para los románticos, para quienes disfrutamos no sólo del calor, el buen tiempo y la playa, esta época supone un deleite para los sentidos: la hojarasca, con un tono castaño, llena el suelo de parques y calles, pinta los tristes grises del asfalto y regala espacios más abiertos entre las copas de los árboles para mirar al cielo.
Nada como un paseo con este escenario rodeándonos.
Qué bonito regalo para todos, ¿verdad?
-Él-
Ah, el otoño... Qué época tan bonita, ¿verdad? Para los románticos, para quienes disfrutamos no sólo del calor, el buen tiempo y la playa, esta época supone un deleite para los sentidos: la hojarasca, con un tono castaño, llena el suelo de parques y calles, pinta los tristes grises del asfalto y regala espacios más abiertos entre las copas de los árboles para mirar al cielo.
Nada como un paseo con este escenario rodeándonos.
Qué bonito regalo para todos, ¿verdad?
-Él-
miércoles, 15 de octubre de 2008
Agua y arena
Hoy nos manda un pequeño texto nuestra amiga Sarody, a la que agradecemos la colaboración. El significado es especial, como el momento en que lo escribió:
"XVII
Agua y Arena
Hoy he intentado escribirte un texto. Ya sabes, uno de estos susurros que con tanta facilidad puedo componer. Sin embargo, ahora me falla todo, las palabras me abandonan, las ideas se acumulan empujándose y volviéndome loca.
¿Qué puedo hacer?, ¿hablar de ti?. Diré que eres alguien que roza con cuidado el centro del universo. Que las estrellas te hacen un huequecito en sus vidas porque tú las impulsas para que sigan en movimiento. Diré que sin ti todo es más oscuro, que en tu ser es donde empiezan las sonrisas y que arrastras contigo la fuerza de la vida.
Quizá podría escribir acerca de emociones. Tiempo atrás ni siquiera eras más parte de mis días que los fantasmas que continuamente me despreciaban, y sin embargo yo te apreciaba de forma distinta. Cuando te marchaste, te eché de menos de una manera que nadie podía comprender... Ni siquiera yo me conozco. ¿Sentiste algo parecido?. El viento me dice que sí.
Me describo entonces a mí. O quizá a mi corazón helado, que me congela sin ninguna piedad ya que teme extinguirse por las llamas que lleva en su interior. Pero sé que tú puedes ver bien tras este gélido velo. Sé que te duele ver la desolación que reflejan estas ruinas que me componen. Es el precio que se paga por sentir cuando sólo hay que mirar al frente y navegar para más tarde huir en la dirección opuesta.
¿Crees que no soy consciente de tus regalos?. Gracias a ellos sonrío a todas horas cuando sólo quiero llorar. Coser las heridas duele aunque más tarde cicatricen para siempre. Mi piel es suave y lisa sin marcas ni señales. También lo son mis sonrisas y mis palabras... ¿Pero qué me dices del espíritu? Sentir contigo es fácil, pero las rocas eran hierba que decidió protegerse de caricias mentirosas.
Una vez te dije que no nos conocíamos... ¿Lo recuerdas?. Ahora eso es mentira. Tú sabes que rozo la lluvia con los dedos y yo sé que sonríes al ver el color de las emociones.
Ola que acaricia y relaja, todo esto es tan difícil... A veces quisiera ser un reflejo que me grite a mí misma el odio que siento hacia mis propios gestos. Porque si te acercas excesivamente, el miedo me hace caminar hacia atrás y si te alejas me duele demasiado el alma.
Una vez te dije que no nos conocíamos y ahora te pido que me conozcas y me ayudes sin recelo. Pase lo que pase, coge mis manos para calmarme porque sabes entrar sin hacer ruido y curar con suavidad una herida tras otra.
Ayúdame a acabar con el dolor y con el miedo.
Hoy he intentado escribirte un texto, pero incluso en papel mis palabras están vacías y son torpes para expresar todo cuanto siento.
Sarody."
Gracias por dejarnos este pequeño pedacito de tí tan especial.
-Él-
"XVII
Agua y Arena
Hoy he intentado escribirte un texto. Ya sabes, uno de estos susurros que con tanta facilidad puedo componer. Sin embargo, ahora me falla todo, las palabras me abandonan, las ideas se acumulan empujándose y volviéndome loca.
¿Qué puedo hacer?, ¿hablar de ti?. Diré que eres alguien que roza con cuidado el centro del universo. Que las estrellas te hacen un huequecito en sus vidas porque tú las impulsas para que sigan en movimiento. Diré que sin ti todo es más oscuro, que en tu ser es donde empiezan las sonrisas y que arrastras contigo la fuerza de la vida.
Quizá podría escribir acerca de emociones. Tiempo atrás ni siquiera eras más parte de mis días que los fantasmas que continuamente me despreciaban, y sin embargo yo te apreciaba de forma distinta. Cuando te marchaste, te eché de menos de una manera que nadie podía comprender... Ni siquiera yo me conozco. ¿Sentiste algo parecido?. El viento me dice que sí.
Me describo entonces a mí. O quizá a mi corazón helado, que me congela sin ninguna piedad ya que teme extinguirse por las llamas que lleva en su interior. Pero sé que tú puedes ver bien tras este gélido velo. Sé que te duele ver la desolación que reflejan estas ruinas que me componen. Es el precio que se paga por sentir cuando sólo hay que mirar al frente y navegar para más tarde huir en la dirección opuesta.
¿Crees que no soy consciente de tus regalos?. Gracias a ellos sonrío a todas horas cuando sólo quiero llorar. Coser las heridas duele aunque más tarde cicatricen para siempre. Mi piel es suave y lisa sin marcas ni señales. También lo son mis sonrisas y mis palabras... ¿Pero qué me dices del espíritu? Sentir contigo es fácil, pero las rocas eran hierba que decidió protegerse de caricias mentirosas.
Una vez te dije que no nos conocíamos... ¿Lo recuerdas?. Ahora eso es mentira. Tú sabes que rozo la lluvia con los dedos y yo sé que sonríes al ver el color de las emociones.
Ola que acaricia y relaja, todo esto es tan difícil... A veces quisiera ser un reflejo que me grite a mí misma el odio que siento hacia mis propios gestos. Porque si te acercas excesivamente, el miedo me hace caminar hacia atrás y si te alejas me duele demasiado el alma.
Una vez te dije que no nos conocíamos y ahora te pido que me conozcas y me ayudes sin recelo. Pase lo que pase, coge mis manos para calmarme porque sabes entrar sin hacer ruido y curar con suavidad una herida tras otra.
Ayúdame a acabar con el dolor y con el miedo.
Hoy he intentado escribirte un texto, pero incluso en papel mis palabras están vacías y son torpes para expresar todo cuanto siento.
Sarody."
Gracias por dejarnos este pequeño pedacito de tí tan especial.
-Él-
Pregunta para todas...
Hace poquito, una de las lectoras y amigas lanzaba esta pregunta para vosotras:
"Pregunta para todas:pq?, esa el la pregunta que hago cada vez q me levanto. Pq cuando encuentras a alguien que podria hacerte feliz no te enamoras???, q pasa q el q te gusta te tiene q hacer daño y el q no te gusta enamorarse de ti hasta los ojos???"
El amor no atiende a reglas. El amor, a mi parecer, es algo que nace de una fuerte, muy fuerte amistad, total confianza, una pizquita de deseo y pasión, comodidad con la otra persona, respeto mutuo... En fin, son tantas las variables que influyen en el amor, que sería imposible escribirlas todas. Hay, además, un "algo" inexplicable que hace precisamente imprevisible el comportamiento del amor.
Cuando una mujer se enamora de alguien que le puede hacer daño -algo bastante habitual, por desgracia-, doliéndole el tener que dejar de lado a quien sabe a ciencia cierta que podría hacerla feliz, sufre. Y se trata de un sufrimiento doblemente dañino ya que se entremezcla con la impotencia de saber qué quiere una y no poder cambiarlo.
En este caso las palabras sobran -todos comprendemos cuál es la sensación de nuestra amiga. La voluntariedad de enamorarse, lamentablemente, no existe; y si uno trata de maquillarlo, al final queda en una conformidad que, al cabo del tiempo, destapa la sensación de vacío que sólo el verdadero amor puede llenar.
Querida amiga, aunque lo que me pide el cuerpo es abrazarte y escucharte para ayudarte a pasar esos malos momentos, lo único que puedo decirte hasta que vuelvas es que no pierdas jamás la fé en el amor. Y que aquí tienes a un amigo siempre dispuesto para tí. Siempre que necesites un rinconcito especial, lo encontrarás aquí.
-Él-
"Pregunta para todas:pq?, esa el la pregunta que hago cada vez q me levanto. Pq cuando encuentras a alguien que podria hacerte feliz no te enamoras???, q pasa q el q te gusta te tiene q hacer daño y el q no te gusta enamorarse de ti hasta los ojos???"
El amor no atiende a reglas. El amor, a mi parecer, es algo que nace de una fuerte, muy fuerte amistad, total confianza, una pizquita de deseo y pasión, comodidad con la otra persona, respeto mutuo... En fin, son tantas las variables que influyen en el amor, que sería imposible escribirlas todas. Hay, además, un "algo" inexplicable que hace precisamente imprevisible el comportamiento del amor.
Cuando una mujer se enamora de alguien que le puede hacer daño -algo bastante habitual, por desgracia-, doliéndole el tener que dejar de lado a quien sabe a ciencia cierta que podría hacerla feliz, sufre. Y se trata de un sufrimiento doblemente dañino ya que se entremezcla con la impotencia de saber qué quiere una y no poder cambiarlo.
En este caso las palabras sobran -todos comprendemos cuál es la sensación de nuestra amiga. La voluntariedad de enamorarse, lamentablemente, no existe; y si uno trata de maquillarlo, al final queda en una conformidad que, al cabo del tiempo, destapa la sensación de vacío que sólo el verdadero amor puede llenar.
Querida amiga, aunque lo que me pide el cuerpo es abrazarte y escucharte para ayudarte a pasar esos malos momentos, lo único que puedo decirte hasta que vuelvas es que no pierdas jamás la fé en el amor. Y que aquí tienes a un amigo siempre dispuesto para tí. Siempre que necesites un rinconcito especial, lo encontrarás aquí.
-Él-
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