Hola amigas.
Este año nuevo empezamos una nueva etapa, ampliaremos el equipo oficial de colaboradoras en ilustración y participaremos en cosas interesantes, más qué nunca.
¿A qué esperas para unirte a nosotros?
Sí tienes un texto o ilustras nosotros podemos publicarte junto al equipo Intense Sensations.
Un beso y disfrutas de las fiestas. ¡Sé un poquito mala!
Él
jueves, 3 de enero de 2013
Año nuevo...
jueves, 1 de noviembre de 2012
Colabora con Intense
Siempre que queráis leeremos vuestros textos y, si queréis, incluso podríamos publicarlos en el blog bajo vuestro nick favorito (o como anónimo, a vuestra elección).
Así que animaros, queridas y queridos seguidores, porque esta es vuestra casa. Será un placer poder leer vuestras historias y momentos más Intense.
Besos.
- Él -
Actualizaciones
Hace poco empezamos a cambiar nuestro blog y el proyecto para hacer cosas nuevas e interesantes. Y con los primeros cambios están llegando las sorpresas.
Para empezar, el segundo país que más nos sigue después de España es Estados Unidos. ¡Hola lectoras y amigas del otro lado del gran charco! ¡Es un placer contar con vosotras!
Por otro lado, ha subido el número de visitantes desde otras plataformas, teniendo ya una pequeña comunidad de lectoras habituales que entran al blog a través de su PSP. ¡Muchas gracias por compartir vuestro tiempo en este rinconcito!
Pronto, más noticias.
- Ella y Él -
El baño del tercer piso
Besos,
- Èl -
- Arin.
domingo, 9 de septiembre de 2012
Maletas y trenes
...
Y pasaste a mi lado. Te veía acercarte desde donde estaba apoyado en la pared mientras se oía aún el pitido que avisaba del cierre de puertas del tren. Miré tú llamativo pelo color rojizo mientras girabas ep cuello para, por un segundo, cruzarse con mi mirada. No pude evitar sonreír al verte dar cortos pasitos para colocarte de pie en el vagón junto con la maleta de la que tirabas. La dejaste en el rincón, más o menos estable, y comenzaste a recorrer el vagón buscando un sitio.
Entonces pasaste a mi lado y un nuevo cruce de miradas tuvo lugar. Asombrado por la hermosura de tu cara y la cercanía de tu cuerpo aspire profundamente sin darme ni cuenta y tu dulce olor penetro mis pulmones hasta llegar al corazón. ¿cómo podías oler tan bien? Embriagado, suspire tan profundamente que te diste cuenta. Y medio segundo después la maleta cayó con un golpe seco al otro lado del vagón. ¿quién diría que ese instante causaría todo aquello después? ¿o quizá fue la sonrisa que me regalaste cuando te ayudé a levantar el equipaje?
...
-él-
miércoles, 7 de marzo de 2012
Volver...
Con la publicación del último proyecto, pronto nos embarcaremos en uno nuevo. En él, recopilaremos las mejores historias de intense para que algunas de las mejores y más apasionadas ilustradoras den forma y color a esos momentos tan especiales.
Recuerda que puedes unirte a nuestro club de amigas en tuenti y seguiremos a través de facebook.
Un beso.
- Él -
domingo, 29 de enero de 2012
La calle de los recuerdos
Fría y solitaria noche de invierno es esta en la que, andando por la calle, tanto te echo de menos.
Cada rincón, árbol, cada luz...todo trae a mi cabeza las veces que hemos recorrido estas calles cogidos de la mano, sin soltarla ni un momento, ni siquiera cuando algún árbol quería separarnos metiéndose en medio. Una y otra vez caminando los dos, juntos.cada paso grabado a fuego y marcado que ahora me recuerdan a tí. Te echo tanto de menos...
- Él -
jueves, 26 de enero de 2012
Pasa la época de los vampiros
Después de tantos años con las librerías y los cines llenos de vampiros, parece que la época esta pasando. Ahora los autores tendrán que enlazar el romanticismo con otro tema. ¿Cuál crees que será?
-Él-
martes, 8 de noviembre de 2011
¿Ojos? Mejor mirada...
Todos decían siempre que ella tenía unos ojos preciosos: su forma, igual que una almendra; su color, brillo y profundidad; su tamaño, grandes y expresivos... Expresivos, esa era la clave. Porque lo mejor y más bonito de sus ojos no era nada de lo anterior, sino la mirada en sí, la forma en que los usaba para expresarse.
Dejando ver cómo era en su interior sus ojos hablaban cada vez que te miraba, haciéndote estremecer con uno de esos escalofríos que recorren la nuca de un hombre cuando mira a una mujer especial. Y ella lo era, eso saltaba a la vista.
Aquella noche estaba especialmente guapa, aunque no llevara ninguna prenda escandalosamente sexy ni nada nuevo. Simplemente vestida como ella misma era, sin tapar ni exagerar, era como más hermosa estaba. Y parece mentira que, pese a los esfuerzos que generalmente algunas mujeres hacen por sentirse y mostrarse bellas, tan sólo sacando su interior más sincero a la vista conseguía la clave para explotar su belleza al máximo.
Aunque no podía ser... No podía ser posible que cada vez que hablaba con ella me perdiera en su mirada; no debía ser posible caer en esos ojos en los que uno podía observar hasta su misma alma y embobarse, hipnotizado, durante horas. Era imposible no caer en aquella mirada tentadora y dulce que te decía "acércate" para atraparte y jamás dejarte escapar. Y cuando un hombre cede, casi siempre voluntariamente a ese dulce, raramente consigue sobreponerse y recuperar la cordura, porque hay miradas que te vuelven loco; loco para siempre. Pero un loco enamorado, al fin y al cabo. ¿Y hay algo más bonito que eso?
- Él -
lunes, 12 de septiembre de 2011
Noche en la piscina del hotel
Era de noche; una noche cerrada, oscura por la ausencia de luces en los alrededores del edificio. Quizá también la falta de clientes por lo retirado del lugar hacía que fuéramos pocos los que nos alojábamos allí, pero el encanto era indiscutible. Incluso con tan poca luz y el mar cerca una se sentía relajada, lejos de la tensión que suele venir desde la gran ciudad y que lleva unos días olvidar.
Paseábamos juntos, cogidos de la cintura. Él vestía un pantalón corto y camiseta, con zapatillas deportivas; yo llevaba una camiseta de tirantes, una pequeña falda que le encantaba y una chaqueta finita contra el fresquito nocturno. Los dos llevábamos el bañador debajo por si nos apetecía darnos un baño en la playa, de noche. Pero aquel día no surgió y volvimos al hotel tras un rato de mirar las olas ondear sobre la superficie del mar a la luz de la luna llena.
Cuando entramos en el recinto del hotel, él se paró.
- ¿Qué pasa?
- Nada. Es sólo que... -se puso detrás de mí y, abrazándome, señaló la piscina que se entreveía por el lateral de la fachada del hotel y abarcaba casi toda la zona trasera del recinto- ¿Te has fijado cómo el agua está completamente en calma, como si fuera un espejo?
- Sí. Es bonito. -dije, cogiéndole de las manos.
- ¿No dan ganas de meterse en el agua?
Mientras terminaba esta frase, una de sus manos retiraba el pelo de mi cuello.
- Pues... -comenzó a besarme en el cuello muy, muy despacito-. Pues sí, la verdad es que... Sí que dan ganas de meterse en el agua. Pero la piscina está... -mi respiración se volvía más profunda a medida que sus besos eran más largos y sensuales-. La piscina está cerrada y no hay nadie.
Paró de besarme y susurró a mi oído:
- ... Por eso.
Me dí la vuelta y ví sus ojos penetrando en los míos; leí en su cara esa sonrisa cuyo mensaje tanto me gustaba, y no pude evitar sonreirle mientras ponía un mechón de pelo tras la oreja para verle mejor, y porque sabía que aquel gesto le volvía loco.
Le dí la mano para que él me guiara. La cogió dulcemente y me llevó a la piscina, que se escondía tras unos pequeños árboles entre los que era fácil pasar... Y que te vieran.
- ¿Has traído el bañador? -dijo, quitándose las zapatillas.
- Sí, claro.
- Yo no -al decir esto volví a ver cómo sonreía justo antes de quitarse la camiseta. Estaba segura de que lo tenía todo planeado; quería llevarme allí y había esperado el momento oportuno y la noche perfecta para hacerlo-.
Alcancé a ver cómo se metía entre los árboles y miraba el agua justo desde el borde de la piscina. En aquella posición la luna dibujaba el perfil de su cuerpo perfectamente, marcando su silueta en un sensual color negro. Dejó su pantalón corto a un lado, se giró para mirarme y, justo antes de dejarse caer en la piscina, dijo:
- Te espero en el agua.
Me quité la chaqueta y dejé caer la falda mientras me acercaba a él; al llegar al bordillo me quité la camiseta y la lancé hacia atrás. Me senté allí con las piernas dentro del agua, que estaba un poco fría. Justo en ese momento emergió él, separó mis piernas con delicadeza y se quedó mirándome mientras sonreía.
- Que, ¿no te metes? Está buenísima.
- Sí, pero está un poco fría.
- Ven conmigo; te garantizo que conmigo no vas a tener nada de frío.
Me deslicé, entrando poco a poco en el agua por el pequeño hueco que él me dejaba entre la pared de la piscina y su cuerpo. Mientras entraba en el agua, además de sentir el frío, notaba cada forma de su cuerpo, desde el pecho hasta los pies. Pero como sabía lo que pretendía, no iba a quedarme de brazos cruzados: saqué pecho discretamente y le rocé el torso con él. Esto era juego de dos y no iba a dejarme ganar así como así. Me sumergí completamente para mojarme el pelo y, al subir, me encargué de volver a rozarme con él y noté cómo respiraba hondo; le había gustado.
- Vaya, una preciosa sirena acaba de salir del agua.
- Qué tonto eres -dije, sonrojándome-.
- Tú me pones tonto, ¿sabes?
Diciendo esto se pegó a mí, empujándome poco a poco contra la pared de la piscina y acercándose a mí para besarme. Justo antes de hacerlo ví cómo cerraba los ojos y entreabría un poco los carnosos labios que tenía. Los cerré también y nos besamos. Estuvimos saboreando nuestros labios durante segundos, minutos... Perdí la noción del tiempo. De repente noté que algo tiraba del nudo de mi bikini, lo desató y este quedó flotando en el agua; sin dejar de besarme, lo cogió y lo retiró, lanzándolo fuera del agua.
Sus manos bajaron poco a poco por mis hombros, después por mis brazos hasta las caderas, y uno de sus brazos me rodeó la cintura. Me apretó contra él y yo, para demostrarle que iba en serio también, enrollé las piernas alrededor de su cadera. Notaba cómo cada segundo crecía su excitación e, instintivamente, empezaba a moverse rítmicamente sobre mí.
Pasó su mano por mi nuca mientras me besaba en los labios; giró mi cuello un poquito y siguió por él, deleitándose milímetro a milímetro con mi piel mientras avanzaba hacia el hombro.
La otra mano, traviesa, se perdió en mi cintura y empezó a bajar hacia la cadera, bajando la parte inferior del bañador. Solté mis piernas para que me lo pudiera quitar. Y quedó allí abajo, en el agua, perdido. Volví a enrredarme con él; ahora estábamos los dos completamente desnudos. No había nadie, todas las luces de las habitaciones estaban apagadas; la luna llena iluminaba el agua y nuestros cuerpos desnudos no podían estar más juntos. Ambos nos deseábamos con pasión.
Con una mano le acaricié la espalda y, con la otra, me mantenía sujeta a su fuerte cuello, sin parar de besarle. Noté cómo una de sus manos acariciaba mi muslo por la zona exterior... Y poco después pasaba a la interior. Empezó a tocarme con esa suavidad y ritmo que sabía que me gustaban; dejé escapar un pequeño gemidito, que tuvo una intensa reacción en su cuerpo. Unos minutos después podíamos escuchar cómo el agua seguía el vaivén de nuestros cuerpos y así estuvimos, perdiendo la noción del tiempo, mientras la respiración de los dos se perdía en el eco de las olas del mar. En un momento imposible de situar en el tiempo, la luz de una de las habitaciones se encendía y el sol aclaraba el cielo desde el horizonte, donde cielo y mar se juntan y forman un sólo ser.
- Él -