domingo, 29 de enero de 2012

La calle de los recuerdos

Fría y solitaria noche de invierno es esta en la que, andando por la calle, tanto te echo de menos.
Cada rincón, árbol, cada luz...todo trae a mi cabeza las veces que hemos recorrido estas calles cogidos de la mano, sin soltarla ni un momento, ni siquiera cuando algún árbol quería separarnos metiéndose en medio. Una y otra vez caminando los dos, juntos.cada paso grabado a fuego y marcado que ahora me recuerdan a tí. Te echo tanto de menos...

- Él -

jueves, 26 de enero de 2012

Pasa la época de los vampiros

Después de tantos años con las librerías y los cines llenos de vampiros, parece que la época esta pasando. Ahora los autores tendrán que enlazar el romanticismo con otro tema. ¿Cuál crees que será?

-Él-

martes, 8 de noviembre de 2011

¿Ojos? Mejor mirada...

[...]
Todos decían siempre que ella tenía unos ojos preciosos: su forma, igual que una almendra; su color, brillo y profundidad; su tamaño, grandes y expresivos... Expresivos, esa era la clave. Porque lo mejor y más bonito de sus ojos no era nada de lo anterior, sino la mirada en sí, la forma en que los usaba para expresarse.
Dejando ver cómo era en su interior sus ojos hablaban cada vez que te miraba, haciéndote estremecer con uno de esos escalofríos que recorren la nuca de un hombre cuando mira a una mujer especial. Y ella lo era, eso saltaba a la vista.

Aquella noche estaba especialmente guapa, aunque no llevara ninguna prenda escandalosamente sexy ni nada nuevo. Simplemente vestida como ella misma era, sin tapar ni exagerar, era como más hermosa estaba. Y parece mentira que, pese a los esfuerzos que generalmente algunas mujeres hacen por sentirse y mostrarse bellas, tan sólo sacando su interior más sincero a la vista conseguía la clave para explotar su belleza al máximo.

Aunque no podía ser... No podía ser posible que cada vez que hablaba con ella me perdiera en su mirada; no debía ser posible caer en esos ojos en los que uno podía observar hasta su misma alma y embobarse, hipnotizado, durante horas. Era imposible no caer en aquella mirada tentadora y dulce que te decía "acércate" para atraparte y jamás dejarte escapar. Y cuando un hombre cede, casi siempre voluntariamente a ese dulce, raramente consigue sobreponerse y recuperar la cordura, porque hay miradas que te vuelven loco; loco para siempre. Pero un loco enamorado, al fin y al cabo. ¿Y hay algo más bonito que eso?

- Él -

lunes, 12 de septiembre de 2011

Noche en la piscina del hotel

Él y yo estábamos en nuestras vacaciones de verano. El hotel donde nos alojábamos era pequeño, modesto, pero no necesitábamos más; nos teníamos el uno al otro. Y aunque las vacaciones se supone que son para descansar, lo cierto es que no nos habíamos separado ni un sólo segundo desde que soltamos las maletas y cerramos la puerta, nada más llegar.

Era de noche; una noche cerrada, oscura por la ausencia de luces en los alrededores del edificio. Quizá también la falta de clientes por lo retirado del lugar hacía que fuéramos pocos los que nos alojábamos allí, pero el encanto era indiscutible. Incluso con tan poca luz y el mar cerca una se sentía relajada, lejos de la tensión que suele venir desde la gran ciudad y que lleva unos días olvidar.
Paseábamos juntos, cogidos de la cintura. Él vestía un pantalón corto y camiseta, con zapatillas deportivas; yo llevaba una camiseta de tirantes, una pequeña falda que le encantaba y una chaqueta finita contra el fresquito nocturno. Los dos llevábamos el bañador debajo por si nos apetecía darnos un baño en la playa, de noche. Pero aquel día no surgió y volvimos al hotel tras un rato de mirar las olas ondear sobre la superficie del mar a la luz de la luna llena.
Cuando entramos en el recinto del hotel, él se paró.

- ¿Qué pasa?
- Nada. Es sólo que... -se puso detrás de mí y, abrazándome, señaló la piscina que se entreveía por el lateral de la fachada del hotel y abarcaba casi toda la zona trasera del recinto- ¿Te has fijado cómo el agua está completamente en calma, como si fuera un espejo?
- Sí. Es bonito. -dije, cogiéndole de las manos.
- ¿No dan ganas de meterse en el agua?
Mientras terminaba esta frase, una de sus manos retiraba el pelo de mi cuello.
- Pues... -comenzó a besarme en el cuello muy, muy despacito-. Pues sí, la verdad es que... Sí que dan ganas de meterse en el agua. Pero la piscina está... -mi respiración se volvía más profunda a medida que sus besos eran más largos y sensuales-. La piscina está cerrada y no hay nadie.
Paró de besarme y susurró a mi oído:
- ... Por eso.

Me dí la vuelta y ví sus ojos penetrando en los míos; leí en su cara esa sonrisa cuyo mensaje tanto me gustaba, y no pude evitar sonreirle mientras ponía un mechón de pelo tras la oreja para verle mejor, y porque sabía que aquel gesto le volvía loco.
Le dí la mano para que él me guiara. La cogió dulcemente y me llevó a la piscina, que se escondía tras unos pequeños árboles entre los que era fácil pasar... Y que te vieran.

- ¿Has traído el bañador? -dijo, quitándose las zapatillas.
- Sí, claro.
- Yo no -al decir esto volví a ver cómo sonreía justo antes de quitarse la camiseta. Estaba segura de que lo tenía todo planeado; quería llevarme allí y había esperado el momento oportuno y la noche perfecta para hacerlo-.

Alcancé a ver cómo se metía entre los árboles y miraba el agua justo desde el borde de la piscina. En aquella posición la luna dibujaba el perfil de su cuerpo perfectamente, marcando su silueta en un sensual color negro. Dejó su pantalón corto a un lado, se giró para mirarme y, justo antes de dejarse caer en la piscina, dijo:

- Te espero en el agua.

Me quité la chaqueta y dejé caer la falda mientras me acercaba a él; al llegar al bordillo me quité la camiseta y la lancé hacia atrás. Me senté allí con las piernas dentro del agua, que estaba un poco fría. Justo en ese momento emergió él, separó mis piernas con delicadeza y se quedó mirándome mientras sonreía.

- Que, ¿no te metes? Está buenísima.
- Sí, pero está un poco fría.
- Ven conmigo; te garantizo que conmigo no vas a tener nada de frío.

Me deslicé, entrando poco a poco en el agua por el pequeño hueco que él me dejaba entre la pared de la piscina y su cuerpo. Mientras entraba en el agua, además de sentir el frío, notaba cada forma de su cuerpo, desde el pecho hasta los pies. Pero como sabía lo que pretendía, no iba a quedarme de brazos cruzados: saqué pecho discretamente y le rocé el torso con él. Esto era juego de dos y no iba a dejarme ganar así como así. Me sumergí completamente para mojarme el pelo y, al subir, me encargué de volver a rozarme con él y noté cómo respiraba hondo; le había gustado.

- Vaya, una preciosa sirena acaba de salir del agua.
- Qué tonto eres -dije, sonrojándome-.
- Tú me pones tonto, ¿sabes?
Diciendo esto se pegó a mí, empujándome poco a poco contra la pared de la piscina y acercándose a mí para besarme. Justo antes de hacerlo ví cómo cerraba los ojos y entreabría un poco los carnosos labios que tenía. Los cerré también y nos besamos. Estuvimos saboreando nuestros labios durante segundos, minutos... Perdí la noción del tiempo. De repente noté que algo tiraba del nudo de mi bikini, lo desató y este quedó flotando en el agua; sin dejar de besarme, lo cogió y lo retiró, lanzándolo fuera del agua.
Sus manos bajaron poco a poco por mis hombros, después por mis brazos hasta las caderas, y uno de sus brazos me rodeó la cintura. Me apretó contra él y yo, para demostrarle que iba en serio también, enrollé las piernas alrededor de su cadera. Notaba cómo cada segundo crecía su excitación e, instintivamente, empezaba a moverse rítmicamente sobre mí.
Pasó su mano por mi nuca mientras me besaba en los labios; giró mi cuello un poquito y siguió por él, deleitándose milímetro a milímetro con mi piel mientras avanzaba hacia el hombro.
La otra mano, traviesa, se perdió en mi cintura y empezó a bajar hacia la cadera, bajando la parte inferior del bañador. Solté mis piernas para que me lo pudiera quitar. Y quedó allí abajo, en el agua, perdido. Volví a enrredarme con él; ahora estábamos los dos completamente desnudos. No había nadie, todas las luces de las habitaciones estaban apagadas; la luna llena iluminaba el agua y nuestros cuerpos desnudos no podían estar más juntos. Ambos nos deseábamos con pasión.
Con una mano le acaricié la espalda y, con la otra, me mantenía sujeta a su fuerte cuello, sin parar de besarle. Noté cómo una de sus manos acariciaba mi muslo por la zona exterior... Y poco después pasaba a la interior. Empezó a tocarme con esa suavidad y ritmo que sabía que me gustaban; dejé escapar un pequeño gemidito, que tuvo una intensa reacción en su cuerpo. Unos minutos después podíamos escuchar cómo el agua seguía el vaivén de nuestros cuerpos y así estuvimos, perdiendo la noción del tiempo, mientras la respiración de los dos se perdía en el eco de las olas del mar. En un momento imposible de situar en el tiempo, la luz de una de las habitaciones se encendía y el sol aclaraba el cielo desde el horizonte, donde cielo y mar se juntan y forman un sólo ser.

- Él -

Post número 100

Hoy estamos de celebraciones: por un lado, nuestro grupo de fans oficial en Tuenti de Intense Sensations reúne más de 50 lectoras y amigas, así que nada como publicar nuestro post número 100 para celebrarlo y daros las gracias a todas las que hacéis posible que este proyecto siga adelante. Ha habido muchos cambios en los últimos meses, cambio de ciudad, de casa, de vida... Y ya casi estamos listos para volver al día a día. Seguimos recibiendo e-mails -escribimos más e-mails que posts desde hace tiempo- pero queremos que haya nuevas historias Intense.
Animaos y enviadnos más situaciones sobre las que queráis que escribamos.

Sed felices.

- Él -

domingo, 14 de agosto de 2011

Web Intense

Hola amigas.
Dentro de poquito empezaremos a trabajar en nuestra nueva web, con nuevo dominio y una estética completamente diferentes. Además, queremos animaros a mandarnos fotos vuestras como "chicas intense" con una mirada, una sonrisa, una pose haciendo algo que os gustaría compartir con nosotros. Os las publicaremos en el blog y escribiremos sobre ellas.
También tenemos ya abierta una sección donde pondremos los comentarios que enviáis bien por correo a intense.sensations@gmail.com o respondiendo a los posts, contando vuestros "momentos intense". Animaos y contarnos: ¿has tenido algún momento intense? ¿Quieres compartirlo? Recordad que será totalmente anónimo si queréis.

Un beso y que disfrutéis del verano.

-Él-

viernes, 4 de febrero de 2011

Un trocito de la historia en la oficina...

" - Puedes pedir lo que quieras. Dije que estaba en deuda contigo y lo sigo estando, así que…
No pude seguir hablando. Noté sus pechos pegados a mi espalda; su pelo acarició levemente mis hombros y su dulce aroma inundó todo mi cuerpo. Era afrutado, dulce. Pasar la lengua despacio por su torso desnudo tenía que ser algo delicioso mientras uno se centra en la mezcla de su perfume y su dulce olor corporal.
- A ver… Déjame que piense… Es que no lo tengo muy claro, ¿sabes? - dijo-. ¿Qué estás tomando tú?
- Es una botella de agua. Fresquita - no como yo, que estaba ardiendo-. ¿Quieres una?
- ¡Claro! Algo fresquito me vendrá bien con tanto calor - dijo, mientras me miraba fijamente.
Su mirada me perforaba. Se estaba haciendo conmigo. Estaba empezando a poseerme. Lo notaba, lo sabía. Y no quería resistirme.
- Pero antes, ¿me das un poquito de la tuya?
- Eh… Claro, toma - y eso fue lo único que acerté a decir. Sólo quería mirarla mientras bebía.
Cogió mi botella, tomó un pequeño sorbo, apenas mojándose los labios, y pasó la punta de su lengua, que se me antojó pecaminosa, alrededor de una boca por la que seguro en la antigüedad se habrían provocado mil guerras. Ahí, en ese preciso instante, supe que Eva era una de esas pocas mujeres que sabía lo que hacía, lo que quería, y que lo quería allí y ahora. Aquel paseo de su lengua fue lo más erótico que había experimentado en toda mi vida. Y eso despertó el león, el tigre y el lobo que yacían aletargados en mi interior.
Me acerqué a ella, le quité la botella con dulzura dejándola caer al suelo y, mientras se vaciaba, la penetré con la mirada hasta que sus pechos tocaron mi torso. Estaba un poco excitada; lo notaba a través de su sujetador. Aquel primer contacto con mi espalda la había animado. Rocé sus manos; acerqué mi boca y noté cómo sus labios se separaban levemente, como para recibir mi beso. Pero no era el momento. En lugar de eso escapé de la tentación y, rozando mi mejilla con la suya, le susurré al oído:
- Eva, te deseo.
"

-Él-

martes, 21 de diciembre de 2010

Una noche de Julio

Ahora que hace frío y apetece quedarse en casa calentito, es el tiempo ideal para no separarse y compartir el calor de nuestros cuerpos.

Hoy os dejo un texto escrito por "Ella". Espero que os guste.

"VIII
Una noche de Julio


Esta noche el mundo se mueve, todo continúa. A diferencia de lo ocurrido en noches pasadas, hoy el sueño no llega. El calor agobia, la humedad del sudor agota y una suave melodía resuena entre mis pensamientos mientras trato en vano de vaciar la cabeza de recuerdos para dormir y cerrar el día.

Giro el cuerpo hacia un lado y me encuentro con la almohada. Ahora molesta al igual que quema cualquier pedazo de tela en una ciudad donde el sol marca su territorio con fuego. El viento no sopla, la brisa ni existe.

Media vuelta y veo las estrellas. La canción de mi cerebro continúa golpeando. Ni siquiera tengo sueño, querría aprovechar estas horas tranquilas y solitarias para encontrarme. Sin embargo, no estoy segura de querer volver a mirar si sólo descubro en el otro lado a la niña que tanto aborrezco, que sufre sin poner un remedio, que desea gritar que la protejan sin esforzarse en luchar con valentía y al fin y al cabo, que quiere tatuarse las palabras “soy diferente; tratadme con cuidado porque ya me hicieron sufrir”. Me niego a admitir que ella soy yo. Lo niego y a la vez admito que algo de eso sigue viviendo en mí, pero no me rendiré tan fácilmente porque conozco mi valía.

Media vuelta y vuelvo a huir de esa niñata, pero me choco con la almohada. Ahora es cuando suspiro con resignación y dejo entrar a la música a mayor volumen. Sonríe, tonta, y no niegues esta otra parte de tu alma. Extiendo los brazos con cuidado y rozando dulcemente con mis dedos la suave tela, la abrazo imaginando que eres tú. Me he hartado de negar lo imposible y susurro tu nombre acercando con precaución estos labios que tanto te gustan. Y pienso, y ahora que estás lejos te echo de menos más que nunca. Y dudo de nuestro futuro en compañía o en soledad, dudo de tu cambio de opinión, dudo de mi vida y lo único que querría hacer es dejar la mente en blanco y arrancarte el alma de un abrazo.

Media vuelta y aquí está la niña. Te echa de menos porque quiere dejarte entrar para que la protejas y la cuides. Como a su vez está un poquito loca, te teme y te aparta de su lado. Porque se siente pequeña e inútil comparada con tu experiencia y porque está deseando dártelo todo para que tú seas capaz de pisarlo, romperlo y quemarlo para hacerla sangrar por antiguas cicatrices. La niña a veces es caprichosa, así que llama a su fiel amigo el deseo y me hacen girar de nuevo para enfrentarme a un espejismo.

Con mis manos vuelvo a recordarte y a fantasear. De esta forma, aunque sigas lejos, tu vida esté alejándose aún más de mí y construyas junto a ella una nueva barricada, en mi mente aún me deseas y llega el día del encuentro tantas veces aplazado. Sin previo aviso, nos abandonamos en un abrazo que consumiría en llamas cualquier río y la pasión acelera unas respiraciones que nunca antes habíamos sentido retumbar en el alma. Nos intentamos arrancar labios y lenguas sin compasión, las manos nos hieren arañando, empujando y aferrándonos como si al soltarnos corriéramos el riesgo de que uno se desvaneciera de la vida del otro por toda la eternidad. Con este ritmo frenético todo sucede y da igual el tiempo y el mundo, porque al fin ocurre y nunca antes lo habríamos vivido así. Y da igual sudar, y es bella la violencia y el dolor. La pasión apaga la voz llorosa de la niña acomplejada, los cuerpos de ambos tiemblan por abandonarse y no volver a repetir una negativa. El silencio se apaga con nuestros susurros, jadeos, gritos y ardientes peticiones sacadas del lenguaje de un impulso animal. En unos instantes de desenfreno extinguimos incendios con la humedad de nuestras bocas hasta dejar rendido al oponente o buscamos el placer al agitar con furia hasta nuestras entrañas. Y aparece la contradicción del amor, el arrebato con la dulzura, la ferocidad con la adoración, crueldad con ternura.

Y cuando acaba, quiero abrazarte y acariciar todo tu cuerpo porque mi alma lo pide. Y la niña querría escucharte susurrar palabras dulces como otras veces te oye dedicarle, porque la derriten y estremecen por igual. Y quiero ver tus sonrisas y escuchar la melodía de tu alma que emite la frecuencia necesaria para hacer vibrar a la mía con la fuerza del viento y las mareas. Porque eres tú la música que hoy mueve mis pensamientos.

Desde donde estés, mira hacia arriba, mira a la Luna, susurra mi nombre y abraza con fuerza tu almohada.
"

Muchas gracias a "Ella".


- Él -

miércoles, 20 de octubre de 2010

Selección de ilustradoras para el nuevo proyecto

Hola.

Hoy traemos buenas noticias: ¡por fin tenemos seleccionadas a las ilustradoras que participarán en nuestro nuevo proyecto!
Ha sido un proceso que ha durado varios meses, pero finalmente podemos decir que todas y cada una de las participantes tienen un "toque" especial, que seguro que transmitirá un montón de sensaciones interesantes.

Pronto iniciaremos este camino con ganas e ilusión, y tendréis noticias y material extra.

Por otra parte, dentro de poco Intense Sensations tendrá presencia en algunas conocidas redes sociales. Os iremos contando cómo se desarrolla todo en las próximas semanas.

Un beso con todo nuestro cariño.

- Él -

jueves, 14 de octubre de 2010

El original de Rantifuso, parte 2/2

Continuamos con el texto de Rantifuso.

Un beso.

Viñeta 6
La viñeta combina al chico buscando a alguien entre el gentío de la discoteca. A continuación, en la parte central de la viñeta, se ve a la víctima, que se gira, como atontada. Él la produce una indescriptible sensación de majestuosidad y de asombro, sintiéndose casi cohibida, avergonzada, como cuando en las historias antiguas una pobre empleada del campo era elegida por un gran rey para ser su esposa; como en los cuentos de hadas. En la tercera parte de la viñeta, se ve sólo la sonrisa de él, porque ha encontrado exactamente lo que buscaba.

Texto
“Desde aquella primera noche en la que él me eligió para compartir nuestras vidas, ambos nos amamos. Y sabemos en todo momento qué necesita el otro”.

Viñeta 7
Se ve cómo cede el paso él a la chica que ha elegido de entre la gente. Él abre la cortina pero no la mira a los ojos; no es la misma sensación que cuando dejó entrar a su chica.
La chica nueva entra, girando también la cabeza hacia el chico, mirándole, sonriendo, pero vergonzosa, con la cabeza un tanto baja, símbolo de sumisión.

Texto
“Sí, él siempre sabe lo que quiero. Es como si pudiera leer mi mente. Pero eso me gusta.”

Viñeta 8
En primer plano, el perfil de ella, bebiendo de una copa algo que parece vino tinto. Al fondo se ve entrar, de cuerpo entero, a él con la nueva chica. En esta viñeta se aprecia muy bien la voluptuosidad de la chica nueva, de cuerpo impresionante. La lleva cogida del hombro, para que se sienta tranquila y protegida.

Texto
“Es genial poder llegar hasta ese punto de compenetración porque, ante un cruce de nuestras miradas, las palabras pierden todo su significado.”

Viñeta 9
Ella se levanta y se para justo frente a la recién llegada, observándola y sonriéndola dulcemente, aunque con cierto toque picantón-erótico. La chica nueva está más calmada y parece bastante complacida con la visión de ella, que se le antoja una auténtica preciosidad y con “algo” muy atractivo.

Texto
“Y entonces, sea cual sea nuestro juego, los dos disfrutamos con una total compenetración”.

Viñeta 10
Ella retira cuidadosamente el pelo de la chica por el lateral, dejando el cuello al descubierto. Es un cuello de piel muy suave, rosada, y que huele muy dulce, como a perfume delicioso. Ella acerca su boca al cuello de la chica con una expresión bastante más inerte, inexpresiva. La chica tiene los ojos cerrados y una sonrisa que denota tranquilidad y principio de excitación. Puede aparecer mordiéndose el labio, cachondilla, y con las manos tocándose levemente su propio cuerpo.

Texto
“Sea lo que sea, sin importar lo que hagamos, los dos estamos siempre totalmente conectados, de una forma sobrehumana”.

Viñeta 11
Se centra en la cara de la chica, que horrorizada cambia la expresión de excitación por una del más profundo horror, ante la visión de su propia muerte. Ya entiende, ya sabe qué hace ahí, y lo que va a pasar. Ya sabe que ellos son vampiros, cazadores de la noche, y que esta noche ella es su víctima.

Texto
“Por eso, él y yo lo compartimos absolutamente todo...”.

Viñeta 12
Los dos vampiros están en el sofá; ella arrodillada encima, y él semitumbado, con una pierna entre las de ella, como esperándola para besarla. Ambos están a punto de hacer el amor.
Tienen la boca, el cuello y parte de la ropa manchadas de sangre, detalle que contrasta mucho con las expresiones que marcan una dulzura propia sólo de dos enamorados.
Debajo se ve la mano y parte del antebrazo de la víctima, ensangrentada. La muñeca es muy visible y se ve desgarrada salvajemente (no se trata de que tenga completamente el antebrazo abierto, sino más bien como si un lobo hubiera mordido la muñeca en un punto muy concreto, del tamaño de la boca de un humano), y sangre chorreando por ella. La mano está completamente pálida, más que la piel de la chica cuando entró, y con una posición bastante agarrotada, como de haber intentado pedir ayuda justo antes de ser completamente desangrada. La mano puede estar, según la regla de los dos tercios, en la parte inferior derecha, apoyada en el sillón donde están los dos vampiros, para llamar la atención del lector sobre ese punto. Como lee de arriba a abajo, y de izquierda a derecha, ese punto es el último que va a quedar en su mente. Es, además, un punto de un rojo muy vivo (sangre arterial).

Texto
“... Hasta la comida”.


- Él -