miércoles, 15 de octubre de 2008

Pregunta para todas...

Hace poquito, una de las lectoras y amigas lanzaba esta pregunta para vosotras:

"Pregunta para todas:pq?, esa el la pregunta que hago cada vez q me levanto. Pq cuando encuentras a alguien que podria hacerte feliz no te enamoras???, q pasa q el q te gusta te tiene q hacer daño y el q no te gusta enamorarse de ti hasta los ojos???"

El amor no atiende a reglas. El amor, a mi parecer, es algo que nace de una fuerte, muy fuerte amistad, total confianza, una pizquita de deseo y pasión, comodidad con la otra persona, respeto mutuo... En fin, son tantas las variables que influyen en el amor, que sería imposible escribirlas todas. Hay, además, un "algo" inexplicable que hace precisamente imprevisible el comportamiento del amor.

Cuando una mujer se enamora de alguien que le puede hacer daño -algo bastante habitual, por desgracia-, doliéndole el tener que dejar de lado a quien sabe a ciencia cierta que podría hacerla feliz, sufre. Y se trata de un sufrimiento doblemente dañino ya que se entremezcla con la impotencia de saber qué quiere una y no poder cambiarlo.

En este caso las palabras sobran -todos comprendemos cuál es la sensación de nuestra amiga. La voluntariedad de enamorarse, lamentablemente, no existe; y si uno trata de maquillarlo, al final queda en una conformidad que, al cabo del tiempo, destapa la sensación de vacío que sólo el verdadero amor puede llenar.

Querida amiga, aunque lo que me pide el cuerpo es abrazarte y escucharte para ayudarte a pasar esos malos momentos, lo único que puedo decirte hasta que vuelvas es que no pierdas jamás la fé en el amor. Y que aquí tienes a un amigo siempre dispuesto para tí. Siempre que necesites un rinconcito especial, lo encontrarás aquí.

-Él-

lunes, 13 de octubre de 2008

10 frases fugaces en la cabeza de un hombre.

Te echo de menos; te necesito; pienso en tí; eres una constante en mi cabeza; no te puedo quitar de mi mente; eres la luz que quiero que ilumine mi oscuridad; no puedo vivir sin pensar en tí; no quiero pensar sin vivir contigo; deseo levantarme todos los días de mi vida y tenerte a mi lado, esperando a ver cómo despiertas y me dedicas la primera sonrisa del día.

-Él-

domingo, 12 de octubre de 2008

Rubia de ojos claros.

[...]
Y allí estaba ella: su pelo rubio, de media melena con mechas, dejaba ver el esbelto cuello que involuntariamente lucía delante de todos los hombres, que la miraban por la calle; los ojos, claros, mostraban una profundidad atípica que esclarecía un interior plagado de sentimientos aún por descubrir; la sonrisa, divina sonrisa, que regalaba a todo aquel que quisiera dedicarle unas palabras bonitas o, mejor aún, hacerla reir; reir, y olvidar todas las penas acumuladas tras infructuosas búsquedas del calor que sólo un corazón tan cálido como el suyo podría darle. ¿Cómo es posible? Era tan difícil de creer que ella, que gozaba del favor divino de unos bonitos ojos, no encontrara alguien que supiera escucharla, que disfrutara haciéndola reir, y que pudiera vivir de tan sólo un beso suyo, que no era de extrañar la presencia de una pequeña capa protectora que ella misma vestía para evitar más daño. No, no puede ser; debe ser posible que, en algún lugar, encuentre lo que necesita que, al fin y al cabo, no es tan complicado. Porque ella sólo busca que la amen.

Dedicado a Sandra.

-Él-

Un descenso vertiginoso... (dedicado)

[...]
Y la mano bajaba lentamente por el abdómen, encontrándose con mi piel y transmitiéndome un calor delicioso que despertaba mi instinto sexual.
Él, abrazándome por la espalda, respiraba hondo; sin soltarme con su fuerte brazo se encargaba de llevar a cabo una aproximación a aquella zona que quería que conquistara.
Descendía por la zona púbica. Yo, para mostrarle mi consentimiento, separé las piernas un poquito. En aquella postura -que tanto me excitaba- él podría hacer conmigo lo que quisiera, con esa masculina mano que estaba segura que sabría manejar. Sí, ansiaba que me tocara; lo deseaba, y para demostrárselo abracé su nuca con mis manos y busqué sus labios con los míos, para besarle como si fuera a cometer el pecado más oscuro y lujurioso del mundo. Y así lo hice, esperando a que el mensaje fuera captado y su mano alcanzara el objetivo. Pero justo cuando rozaba la zona sus dedos se separaron y lo rodearon por ambos laterales, descendiendo unos centímetros. Yo, excitada, cogí su mano y la guié allá hacia donde quería que me acariciara. Pero su fuerza era imposible de vencer en aquellas circunstancias. Estaba claro que en aquel momento él "mandaba" y quería llevarme al límite. Pero no aguantaba más, así que empecé a tocarle, y a tocarme a mí misma, mientras una de sus manos agarraba con decisión el interior de mi muslo y la otra se entretenía caprichosamente con mis pechos...
[...]

Dedicado a Andrea y Cristina.

-Él-

miércoles, 8 de octubre de 2008

Sobre "Ella"

Sois muchas las que habéis preguntado por "Ella", por qué hace tiempo que no escribe, y dónde está.
"Ella" está muy cerca, pero decidió tomarse un largo y merecido descanso. El día a día se hace muy duro y en ocasiones es necesario tomarse una temporada para reflexionar, descansar y dedicarse a uno mismo. "Ella"trabaja muy duro; además de ser una de las profesionales con más talento para la ilustración que conozco, la cantidad de trabajo que tiene no siempre le deja tiempo para sí misma. Por eso estará un tiempo sin escribir en el blog, aunque lo seguirá, como hace siempre, de cerca.
Ha preferido centrarse en la historia y crear las maravillosas ilustraciones que comenzó a hacer.
Así que, desde aquí, un fuerte beso para "Ella".

-Él-

...Y volvemos

Hola de nuevo, amiga lectora.
Prometimos volver y, como habéis comprobado, lo hemos hecho con las pilas puestas y un montón de nuevas sensaciones intensas, más intensas que nunca, que compartir con vosotras.
Hemos querido incluir nuevas experiencias, nuevos relatos cortos dedicados y nuevos pensamientos. Esta vez dejamos paso a la naturalidad de las relaciones para que se unan a los más espirituales sentimientos y creen un "algo" especial. Un "algo" que nos llena, que nos gusta, y que quienes hemos tenido la gran suerte de probar no dudamos en repetir. Porque ese "algo" te llena, y cuando lo tienes, luchas con todas tus fuerzas por mantenerlo y mejorarlo. Ese algo junta muchas cosas: cariño, amor, complicidad, pasión, fogosidad, respeto, intimidad, y un larguísimo etcétera. Pues bien, querida lectora, dejemos paso a nuevas y excitantes sensaciones intensas.
¿Qué te parece?

-Él-

Un primer gemidito

"Eso me encanta. Cuando estamos haciendo el amor, acostados, desnudos... Compartiendo todo, tocándonos... Cuando nos abrazamos y notamos las formas del cuerpo del otro sin nada de por medio. Ese delicioso momento en que la línea que separa el amor de la más pura lujuria se difumina... Ese instante en que todo cambia y mezcla nuestros cuerpos... Justo ahí, cuando emite el primer gemido, cuando expulsa el aire descontrolado y ese súbito "aaaahh" se une con el "mmm" y el "oooh". Eso... Ese gemidito me hace enloquecer".

-Él-

La chica invisible (dedicado)

Ella era morena, de profundos ojos oscuros y una sonrisa que siempre, siempre, intentaba mantener pese a cualquier adversidad. Ella era alegre, muy alegre. Era feliz... O al menos quería serlo.

"No. No voy a contarlo todo. Soy demasiado tímida como para ir diciéndole a todo el mundo cómo soy."

Pese a que en el fondo tenía claro qué necesitaba, en muchas ocasiones se dejaba llevar por lo que todo el mundo opinaba. Cuando el potencial que tenía en su interior era suficiente para mover cualquier obstáculo y quitarlo de su camino, ella insistía en refugiarse dentro de sí misma.

"Él. Él me gusta. Es alto, rubio, de larga melena. Él me gusta, me mira de forma especial. Hace que símplemente con una sonrisa, con una mirada, con un gesto hacia mí, me sienta especial."

Ella buscaba siempre en los mismos lugares, en los mismos bares, para dejar sus esporádicos encuentros con él al margen de las manos del azar. Ella removía mares, movía montañas y tiraba de sus amigos para acabar siempre en el mismo sitio a la misma hora. Se colocaba siempre en la misma posición, mirando a la puerta de reojo y buscándole. Cada vez que la puerta se abría, ella instintivamente entreabría la boca, se ponía de puntillas y miraba.

"¿Será él? No, no es. Tampoco ahora. No puedo esperar más... ¡Necesito verle! Verle, aunque para él yo sea prácticamente invisible. Verle, aunque él no me vea. Pero necesito que... ¡Le necesito!. Sólo tenerle ahí cerca es para mí un mundo, y en él he decidido vivir, digan lo que digan los demás".

No, no se daba cuenta de que sus ilusiones hermosas, brillantes y cálidas estaban construídas sobre aire.

"Mírale, ha llegado. Ahí está, hablando con sus amigos. Me dijo aquella vez... Aquel gesto... No puede significar otra cosa más que... Sí, algo tiene que sentir. ¡Me lo dijo! Aunque luego alegara que no podía ser... No... No sé qué hacer. ¿Por qué él es así y no dice nada claro? No sé qué hacer, pero sí sé lo que quiero."

Él era el típico chico llamativo, con su melena rubia, su sonrisa y su peculiar forma de llamar la atención de ella. A él le gustaba ella, pero no como ella quería. A él le gustaba tenerla cerca, pero no del mismo modo que ella deseaba. Él quería tenerla "ahí", pendiente de él, alimentándose de su deseo, haciéndole sentir más y más grande, más importante y más deseado. Él vivía de esa ilusión que pone una mujer en un hombre; que coloca su corazón en la mano y se lo entrega a él. Y aunque él lo tirara al más sucio cubo de basura, a ella le parecería bien.

"Ojalá... Ojalá llegue ese día. El día en que me diga que me quiere, que me desea, que me necesita tanto como le necesito yo a él."

Él sólo quería jugar. Jugar con ella, con sus sentimientos, con su deseo. Quería jugar con su mirada y sentirse mejor. Necesitaba que le miraran, llamar la atención de ella... Y de todas las posibles chicas que, como ella, se fijaran en él y no pudieran verle sin máscara. Él quería jugar, y lo hacía, con toda ella. Él lo hacía, y despreciaba aquel valioso, valiosísimo regalo que ella llevaba tiempo ofreciéndole: su corazón.

Dedicado a Cristina (Andrea).

-Él-

jueves, 2 de octubre de 2008

Esos ojos.

Esos ojos, la mirada... Lo que escondía aquella chica, aparentemente tapado por una máscara que no correspondía con su verdadero ser, aún estaba por descubrir.
En un momento, en un cruce de miradas quedé paralizado. De repente la música paró, las voces se apagaron y desapareció todo el mundo. En un segundo sentí la necesidad de entrar a través de aquellos ojos y leer, leer en su interior. Ella, aquella chica que conocía más bien poco, guardaba mucha tristeza y soledad.
¿Cómo es posible?, pensé. Pero la respuesta la imaginaba: conformismo, sumisión, monotonía, miedo a la soledad... Un conjunto de cosas que repiten un patron tan habitual en el corazón de una mujer, que ya casi te resulta familiar. Tristemente familiar.
Aquella chica guardaba muchas cosas buenas en su interior. ¿Sería consciente de las muchas cosas buenas que tenía? No era tan difícil hacerla sentir bien; no era complicado decírselo. Sólo sonreírla, acercarse y decirle "tienes algo, en tu interior, que debes explotar, ¿sabes? Sé como tú eres, siente lo que sientes y pide aquello que tu corazón necesitas. Y no te conformes con menos.

-Él-

Desde la historia del perrito.

Hola de nuevo.
Estos días de reorganización de ideas, nuevos proyectos y todo tipo de deseos están sacando cosas muy interesantes. Y del mismo modo estamos recibiendo vuestros comentarios -algunos en el blog, otros por correo y unos poquitos en persona- sobre el pequeño nuevo giro e inclusión de temas más "calientes", como el final de la historia de "La chica de los perros".
Al principio éramos escépticos sobre cómo podría encajar dentro del blog pero, en ese momento, pensamos... ¿Es que la mujer, además de cariño, de atender a los detalles y amor, no necesita también disfrutar? Sí, queridas amigas; la mujer necesita disfrutar, porque la mujer necesita todo. No valen sólo las caricias, ni sólo el sexo. La sensación más increíble es dar y recibir todo, porque ese todo hace que entregues tu ser completamente a una persona y, si te corresponde, recibes algo increíble. No, no hablamos de amor, ni de sexo; no hablamos de caricias, ni de lujuria. Es, como decía, un "todo" indescriptible. Difícil de conseguir, sí. Pero, ¿no merece la pena buscarlo? No te conformes con menos, querida amiga. ¿No estás de acuerdo conmigo?

-Él-