miércoles, 25 de junio de 2014

We are back!

¡Estamos de vuelta! Tras un larguísimo período en el que IS ha quedado en hi ernación, hemos vuelto con nuevos posts, nuevas ideas y proyectos e incluso... ¡Juegos! Sólo tienes que estar atenta, porque en breve desvelaremos esta nueva idea que andamos "ella" y yo preparando y que, sin duda, dará mucho de qué hablar.
Más detalles estos días, no sin antes agradecerte por seguir siempre ahí, y pedirte que comentes el post. Besos y muchas gracias.
Él.

martes, 19 de noviembre de 2013

El postre en la biblioteca

Había pasado toda la mañana pensando en cómo sería el resto del día. Habíamos quedado por la tarde para dar un paseo y tomar algo. Hacía tiempo que empezamos a hablar en la facultad, como compañeros de equipo en las prácticas que más de un profesor pesado nos había impuesto. Pero aquello tuvo algo bueno: había que compartir tiempo juntos. Y la chispita saltó una noche que, estando juntos los dos en la biblioteca, a solas practicamente, con las luces medio apagadas, me giré y accidentalmente rocé su mano. Levanté la mirada y la ví concentrada, dibujando. Entonces se paró el tiempo. Me dí cuenta de detalles que no había visto antes; el perfil de la nariz, los ojos grandes, oscuros... Los labios ligeramente humedecidos al jugar con la lengua mientras se concentraba sobre lo que hacía. Y, para colmo, un mechón de su recién teñido pelo rojizo cayéndole desde el lateral, desde la oreja, tapándole un poquito la cara. No pude evitarlo y, en el fondo, sé que tampoco quise; mi mano se acercó a su cara y, suavemente, le retiré el pelo para ponérselo tras la oreja de nuevo. Aquel momento fue uno de los más sensuales que había sentido jamás. Y creo que en ese momento empecé a sentir algo más, algo profundo. Ella, lejos de asustarse, dejó de jugar con el lápiz y entrecerró un poquito los ojos, provocados por una dulce sonrisa; leve, muy leve, pero muy dulce. Dejó de importarme el tiempo, la gente, el ambiente, todo... Ni siquiera me dí cuenta de que el conserje estaba llamándonos para que saliéramos, porque era hora de cerrar. Justo antes de irnos a casa hubo un momento un poco incómodo. Y no porque no tuviera claro lo que quería o lo que quería tener en ese instante, sino porque temía que se incomodara. Así que, fruto también en parte de mi inexperiencia, decidí dejarlo pasar. Mirando el suelo me despedí de ella justo cuando sus padres llegaron a recogerla en coche. Pasé toda la noche sin poder dormir, recordando ese momento del mechón cayendo a cámara lenta, observando todos los detalles de su cara, y la sonrisa siguiente. Después de dos días separado de ella, soñando con ella, pensando en ella y viviendo lo que fuera, a lo que no prestaba atención, acabó el fin de semana. Tenía la cabeza en otro sitio y el estómago lleno de mariposas. El lunes traté de esperar a que ella diera algún paso, alguna señal por leve que fuera que me indicara que quería más. Estuve todo el día ahogándome en mi deseo por tenerla cerca, esperando al único momento en que estaríamos juntos de nuevo que sería, otra vez, en la biblioteca. Allí estaba, puntual como siempre. Esperé unos segundos antes de entrar, en el pasillo, respirando hondo y concentrándome para no saltar encima de ella y comenzar a besarla y me dije a mí mismo que haría lo que fuera para que se sintiera cómoda y esperar a que ella hiciera algo que me abriera la puerta al siguiente paso. Y llegó. Pasé y dejé medio caer un tímido y tembloroso "Hola" mientras me sentaba. Fruto de esos nervios, todo lo que tenía en la mochila acabó en el suelo. Levanté la mirada para ver si había logrado captar la atención de media universidad pero, para mi sorpresa, estábamos completamente solos. La miré y ella, completamente boquiabierta, me miraba fijamente. Entonces se rió, tapándose la boca con las manos para no hacer ruido. Adorable, simplemente adorable. Me encantaba; la quería besar, pero era pronto. O no. No lo sabía. Y tampoco me importaba. Quería besarla y lo haría en ese mismo momento. Dejé todo en el suelo, me acerqué a ella agachándome para ponerme a su altura (estaba sentada), cerré los ojos y, acariciándole la nuca y metiendo lentamente los dedos entre su pelo, me tiré a la piscina sin importarme el éxito o fracaso del momento. Mi corazón lo necesitaba y no estaba dispuesto a esperar un sólo segundo más para saber si era correspondido de alguna manera. No puedo explicar lo que sentí, sobre todo cuando ella misma acercó sus labios a los míos y noté cómo se le cortaba un poquito la respiración, justo antes del contacto. Es difícil saber cuánto tiempo duró, porque perdí la consciencia del tiempo. Sólo sé que, después de aquel beso, nos quedamos mirándonos tan cerca que podíamos sentir la respiración del otro. Ver las pupilas dilatadas, los deliciosos coloretes de su cara aparecer, los ojos a medio abrir, pidiendo más... Y llegó el segundo beso. Ella se levantó y nos abrazamos sin separarnos allí, en la biblioteca de la universidad, a solas. Ni siquiera nos dimos cuenta de que se habían apagado todas las luces, incluyendo la de las escaleras. Entonces se sentó sobre la mesa de estudio y, cogiéndome de la cintura, me acercó a ella. Separó las piernas y me colocó ahí, entre ellas. Yo... Yo no sabía qué podría pasar, aunque lo deseaba. Lo deseaba mucho. La deseaba a ella. Y la quería en ese mismo momento. Miré un poquito de reojo por una ventana cercana y pude ver cómo se apagaba la luz de la entrada. Sabía que tendríamos unos minutos antes de que se dieran cuenta de que nos habían dejado encerrados. Y ese momento sería nuestro. Volví a mirarla; sus ojos ahora habían cambiado y mostraban una mirada un poco más penetrante y juguetona, y la sonrisa de medio lado fue la confirmación de que ella sabía lo que ocurría y quería también más. Era el momento perfecto para dejarnos llevar completamente hasta donde pudiéramos, antes de que nos pillaran. La sonreí, cogí sus manos y las besé despacio mientras las mías sujetaban sus muñecas, finas, suaves, de piel blanquecina y delicada... Besé sus muñecas y ella cerró los ojos. Parecía que le gustaba porque sonrió, sin abrirlos. Se dejaba llevar. Y eso me gustaba. Despacio, separé sus brazos y los puse a los lados de su cabeza, como si la encadenara a la mesa; quería ganármela y hacer que sintiera lo que sentía yo por ella. Besé de nuevos sus labios (era increíble, eran suaves, ricos, dulces... No podía dejar de besarlos, de jugar con la punta de mi lengua por el contorno de su boca, de recorrer la barbilla, el lateral de su mandíbula y acercarme al lóbulo de su oreja... Y no tenía ninguna prisa. Aquello estaba muy rico. Olía genial. Sabía genial. Y a cada centímetro que recorría, ella se contoneaba un poquito más y su respiración se hacía más profunda. Entonces, llegando al cuello, abrí la boca y mordí un poquito; dejó escapar un gemidito que me resultó súper erótico. Entendí el mensaje y clavé los colmillos un poquito más, un poquito preocupado por no hacer daño a la criatura tan hermosa que tenía junto a mí. No, no le dolió... Apretó las piernas contra mí y volvió a gemir, esta vez con mayor intensidad. No me había dado cuenta, pero en ese momento nuestros torsos estaban completamente pegados el uno al otro. Por un segundo imaginé la misma escena mientras le quitaba la ropa. Aquello subió mi temperatura considerablemente y mi respiración se hizo más profunda y larga. Ella lo debió notar, sobre todo porque estábamos completamente pegados, y sus manos se liberaron de las mías, bajando por la espalda y metiéndose por debajo de la camiseta. Comenzó a levantarla y sus uñas rozaban mi piel, ascendiendo con la ropa poco a poco hasta que me la quitó y la lanzó a algún punto que no me importaba. Eso me daba licencia para devolverle la maniobra, así que empecé a levantarle la camiseta poquito a poco mientras besaba cada nuevo milímetro de su piel que quedaba al descubierto. Quería notar su reacción pero esta vez, en lugar de apretar las piernas contra mí, las separó completamente. "Sé lo que quieres", pensé. "Y yo también lo quiero; te deseo". Pero no le dije nada. En lugar de eso le quité la camiseta y volví a su boca; estaba medio abierta, esperando la mía. Apreté mis labios contra los suyos y dejé que mi lengua entrara un poquito en su boca, despacio, tentando a la suya. Ambas jugaron despacio. ¿Cómo era posible que toda ella supiera tan bien? No era la primera vez que besaba a una chica pero, con diferencia, era la más intensa y deliciosa de mi vida. Sus manos empezaron a bajar por mi espalda, apretando más y más conforme se acercaban a la cintura; ahí, siguieron el contorno del pantalón hasta situarse delante y en ese preciso momento noté un tirón en el cinturón. Me lo quería quitar. Respiré profundamente. Estaba muy caliente. Hice lo mismo y desabroche su pantalón. Era finito. Ya me había fijado en su figura, en sus piernas, la cintura, la cadera, la espalda, el cuello, el pelo... La había estudiado muy bien y había llegado el momento de comprobarlo. Desabroche el pantalón poquito a poco mientras me separaba de su boca e iba bajando, recorriendo su pecho jugando con los labios y con la lengua. Llegué al pantalón; solamente había desabrochado un botón. Seguí quitando el resto dando un pequeño beso por cada hueco nuevo que quedaba al descubierto. Tiré despacio para quitárselos mirándola para asegurarme de que se sentía cómoda. Paré, me levanté y la miré a los ojos. - ¿Seguro?, susurré. - ... Mantuvo los ojos cerrados durante unos segundos que me parecieron eternos. - Hazlo. Aquello me sorprendió y me gustó, así que besé su mejilla con toda la dulzura que pude al mismo tiempo que mis manos continuaban bajándole los pantalones. Llegados a ese punto, pantalones y zapatillas cayeron al suelo a la vez. La seguía mirando. Realmente era importante para mí que se sintiera bien. Y parecía estarlo porque volvió a sonreir. El dedo índice de mi mano subió desde la rodilla, recorriendo el muslo por la zona delantera hacia la cadera; ella abrió las piernas. Me quería en ella. El dedo llegó a su cadera y se colocó entre la gomita de la ropa interior y su piel. Estaba muy caliente; los dos lo estábamos, realmente. Su respiración empezaba a acelerarse, así que aproveché la reacción para darle más. Moví el dedo despacio hacia el centro. Al llegar al pubis la miré fijamente a la cara. Quería comprobar qué sentía cuando hiciera lo que iba a hacer. Al mínimo gesto de incomodidad pararía. Pero, si quería más, iría hasta el final con ella. Empujé el dedo un poquito hacia abajo, llevándome su ropa interior, bajándosela. En ese punto me costaba contenerme, pero sabía que cuanto más la hiciera disfrutar de aquel momento y más cerca de la desesperación estuviera, más intenso sería todo después. Seguí quitándoselas... Poco a poco... Era precioso todo... Su cuerpo tendido en la mesa, el morbo de la situación, sus mejillas tan rojas, su cara de deseo, su respiración... Quería tomarla, poseerla. Antes de darme cuenta casi le había bajado la ropa interior hasta la mitad del muslo. En ese instante ella, ahogando un gemido, me dijo "quítamelas ya...". Me encantaba oirla así, tan excitada. "P... Por favor, hazlo". Se las quité completamente. Dejé caer mi pantalón, que estaba ya a medio quitar. Y me arrodillé delante de ella. Tenía que probar sus muslos, quería besarlos. Empecé rozándole la zona cercana a la rodilla con los labios, los abrí un poco y besé el camino hacia el interior del muslo. Acaricié sus piernas y las separé aún más; necesitaba más espacio de juego. Ella accedió y las abrió todo lo que la postura le permitía. Conforme ascendía la lengua entraba más en juego, alternando los labios con pequeñas pasadas con la misma. Tenía ganas de morder, quería comérmela a besos y luego tomarla. Me acercaba a la zona más caliente pero no estaba dispuesto a retroceder. Coloqué ambas manos rodeando sus muslos y me separé de ella. Esperé unos segundos para aumentar la tensión y soplé suavemente, terminando el recorrido del muslo al centro, marcando dónde iba a ir a continuación. Volvió a gemir. - Hazlo, hazlo... - susurró. Me acercaba lentamente, marcando la respiración más a cada centímetro recorrido para que notara que estaba ahí. Y respondía con un leve contoneo de sus caderas. Aún no había hecho nada y ella estaba acompañando su deseo con el movimiento de su cuerpo. No estaba muy seguro de si lo haría bien. Pero ella, de nuevo, pareció leerme la mente y sentí cómo me acariciaba la mejilla. Eso me tranquilizó y transmitió un "todo va bien". Así que continué. Abrí un poquito la boca, cerré los ojos y noté cómo la zona estaba muy, muy caliente. Noté cómo estaba excitada. Me gustaba sentir aquello. Con los labios un poco abiertos, empecé por besarla en el centro y dar una pequeña pasadita con la lengua de abajo arriba, casi sin rozarla. Era el primer contacto con la zona. Iba jugando con la lengua alrededor, sin dárselo directamente... Sólo insinuando y preparando la zona. Poco a poco notaba cómo estaba más y más caliente. Sus manos se mezclaron con mi pelo y, cogiéndome de la nuca, me acariciaban al mismo tiempo que me acercaban a ella misma. Lo quería. Lo deseaba. Lo necesitaba. Me acerqué y volví a pasar la lengua una vez por todo el recorrido, de abajo arriba, todo lo despacio que pude. Delicioso. Seguí moviendo la lengua un par de veces más. Al llegar arriba rodeé la zona del clítoris con los labios mientras la punta de la lengua se encargaba de acariciarlo una, y otra, y otra vez. Todo muy lento. Quería fuera ella quien pidiera más. Y lo hacía, a través del lenguaje de su cuerpo. Cuando quise darme cuenta las respiraciones iban dejando paso a gemidos más y más intensos. Eso me aceleraba muchísimo, pero quería concentrarme en ella. Era su premio, pero se lo tendría que ganar. Apreté un poquito más los labios y aumenté la intensidad del movimiento de la lengua mientras una mano acariciaba el muslo y la otra acercaba un dedito a mi zona de juego. Lo coloqué justo en la entrada y lo moví un poco para humedecerlo. Lo puse ahí y lo dejé a la espera de su reacción, mientras continuaba con la boca. Entonces se encorvó. Y lo metí poco a poco dentro, cada vez más. Quería que lo sintiera con todo detalle, así que me aseguré de que lo hiciera intensificando lo que hacía con los labios y la lengua conforme el dedito estaba más y más dentro. Al llegar al fondo paré y esperé unos segundos con él metido. Se empezó a mover, como queriendo sacarlo y meterlo despacio, muy despacio. Y seguí su movimiento con la mano, sacándolo casi del todo y volviéndolo a meter. Ella no quería que saliera fuera; cada vez que estaba a punto de salir se empujaba a sí misma contra el dedo, para volverlo a meter. Así estuvimos unos segundos y el ritmo del movimiento empezó a acelerar. La boca saboreaba su cuerpo y el dedo añadió un pequeño giro mientras entraba y salía, haciendo un poquito más intenso el efecto. Ella gemía más y más, y yo no pude evitar sonreir de nuevo. Pero esta vez sin sentirme nervioso ni inseguro. Sabía que esta sería la primera vez juntos y que habría más; muchas más. Sabía que, en el fondo, me estaba enamorando. ¿Fin? No, más bien un intenso principio. Dedicado a Undine. - Él -

lunes, 1 de abril de 2013

Llorando en la oscuridad

"A veces lloras; lloras por la noche, arropada por la oscuridad, recordando aquellos tiempos tan dulces y, a la vez, amargos. Aquellos tiempos donde las palabras dolían pero luego nos abandonábamos al amor para volver a provocarnos miedos y más dolor. Y lloras porque echas de menos más la dulzura de los pequeños momentos que la amargura de los malos días. Yo también lo echo de menos..." - Ella -

domingo, 31 de marzo de 2013

Andar

Esta fría y lluviosa noche de domingo a lunes os traemos un texto de una amiga, "Sae", donde nos abre un pequeño rinconcito de su corazón: Andar Raro es el día que no se pasa por mi cabeza su recuerdo, su nombre o cualquier anécdota. No quería condenarlo al olvido pero ya era demasiado tarde, ya me había quedado demasiado tiempo echando la vista atrás a cada pasito que daba. Así que me eché a andar .Ya estoy muy lejos ya de la estación donde esperaba que cualquier día volviera a aparecer, aunque fuera una sombra o un atisbo , aunque se tornara en amistad. He recorrido caminos , me he cruzado con personas e incluso alguno ha recorrido a mi lado algunos metros. En un principio solo la opción de compañía parecía agradable, pero no todo es fácil. Esa sombra que anhelaba siempre me frenaba y me hacia mirar atrás. Tras mucho andar ,sola y acompañada, llegue a creer que nunca jamas podría volver a emitir ningún tipo de sentimiento. Caminar en compañía de otros por no dejarles solos y porque no vivieran el dolor que yo había sufrido me estaba destruyendo por dentro hasta sentirme muy desgraciada, nunca les mentí, tenia un gran vacío en mi interior . Creí estar rota y fría , hasta lo asumí . Pero aquello me hizo reaccionar, sabia de donde había venido pero no iba a volver a mirar atrás, llevaba dos años y medio caminando... Soy fuerte , he sobrevivido y anhelo con toda mi alma volver a creer, volver a amar ,y que todas esas canciones de amor que me daba vergüenza oír cobren de nuevo sentido para mi. Estoy dispuesta y quiero ser feliz! Cada persona necesita su tiempo de asumir las cosas , no eres mejor ni peor por tardar mas tiempo en hacerlo ¡Muchas gracias por tu microrrelato, Sae! -Él-

miércoles, 20 de febrero de 2013

Ya puedes seguirnos en twitter

Ahora ya puedes seguirnos en twitter. Así también podemos seguirte a ti. Nuestra cuenta: @inte_Sensations
¡Nos vemos en twitter!

jueves, 3 de enero de 2013

Año nuevo...

Hola amigas.
Este año nuevo empezamos una nueva etapa, ampliaremos el equipo oficial de colaboradoras en ilustración y participaremos en cosas interesantes, más qué nunca.
¿A qué esperas para unirte a nosotros?
Sí tienes un texto o ilustras nosotros podemos publicarte junto al equipo Intense Sensations.
Un beso y disfrutas de las fiestas. ¡Sé un poquito mala!
Él

jueves, 1 de noviembre de 2012

Colabora con Intense

Hay bastantes lectoras (y algunos lectores que ya tenemos entre nuestras filas de fans también) que nos preguntan si pueden enviarnos alguna historia; la mayoría dice que les da verguenza compartirlo. Pero esa no es la idea. Porque este es vuestro rincón, el lugar donde podéis compartir todas las historias intense que queráis, ya sean vuestras fantasías o, quién sabe, reales.
Siempre que queráis leeremos vuestros textos y, si queréis, incluso podríamos publicarlos en el blog bajo vuestro nick favorito (o como anónimo, a vuestra elección).

Así que animaros, queridas y queridos seguidores, porque esta es vuestra casa. Será un placer poder leer vuestras historias y momentos más Intense.

Besos.

- Él -

Actualizaciones

Hola, amigas y lectoras.
Hace poco empezamos a cambiar nuestro blog y el proyecto para hacer cosas nuevas e interesantes. Y con los primeros cambios están llegando las sorpresas.
Para empezar, el segundo país que más nos sigue después de España es Estados Unidos. ¡Hola lectoras y amigas del otro lado del gran charco! ¡Es un placer contar con vosotras!
Por otro lado, ha subido el número de visitantes desde otras plataformas, teniendo ya una pequeña comunidad de lectoras habituales que entran al blog a través de su PSP. ¡Muchas gracias por compartir vuestro tiempo en este rinconcito!

Pronto, más noticias.
- Ella y Él -

El baño del tercer piso

Hoy nos envía un texto Arin, una lectora que quiere compartir una historia bastante "intense". Aquí os la dejamos para vuestro deleite. ¡Y no olvidéis comentar!
Besos,
- Èl -

El baño del tercer piso


Aquella mañana ambos pensamos que ir a clase no era mejor opción que estar el uno con el otro. No eran ni las ocho y no había salido el sol aún. Como consecuencia de esto hacía algo de frío, el suficiente como para que decidiéramos refugiarnos entre las cálidas paredes de su facultad. Cogidos de la mano nos recorrimos todo el edificio mientras el explicaba la localización de cada lugar importante, como la biblioteca, la cafetería, el comedor, la reprografía... A mí se me antojaba una estructura laberíntica, casi incomprensible, pero él me guiaba de la mano con su infinita paciencia y su eterna sonrisa y yo me dejaba llevar y sonreía, contagiada.
Me enseñó su clase y después subimos al tercer piso donde nos sentamos en un banco del pasillo enfrente de las escaleras que acabábamos de subir. Era tan temprano que el largo corredor se encontraba totalmente desierto. Acurrucados en el asiento comenzamos a entablar conversaciones triviales, tan comunes que ya no recuerdo de qué trataban. Tampoco sé cómo él acabó diciendo:
-¿Te acuerdas de aquel baño de mi facultad que te dije en el que nunca entraba nadie? -preguntó con una sonrisa pícara. Sonreí adivinando sus pensamientos.
-Sí -contesté bajando la mirada.
-Y... -susurró en mi oído-, ¿te acuerdas de que te comenté que una de mis fantasías era...?
Sí, me acordaba. Me di cuenta enseguida de que, con mucho disimulo y descaro, me había conducido hasta una trampa, como un ratón que puede quedar atrapado en una ratonera por un trozo de rico queso.
-Sí, me acuerdo -contesté inocentemente, preguntándome a mí misma si sería capaz de dejarme atrapar por ese suculento queso.
-Pues el baño es ese de ahí -comentó poniéndose de pie y señalando con un gesto de su cabeza a los aseos pegados a la escalera, sin dejar de sonreír.
Por supuesto, yo ya había adivinado ese pequeño detalle. Me fijé bien en los baños. Aunque no habían carteles que señalizaran el género al que pertenecían, uno de los cuartos tenía los azulejos de color azul (por lo que deduje que era el de hombres) y el otro naranja (por exclusión, el de mujeres).
Él tendió su mano delante de mí, con esa sonrisa suya tan atractiva, y yo se la cogí como hipnotizada pero con ganas de reír. Al colocarme de pie frente a él, puso sus manos en mi cintura pegando su cuerpo al mío y me besó apasionadamente. Yo respondí a su beso sintiendo que sus ganas eran también las mías. Al separarnos miré sus ojos color chocolate y me sentí insignificante y pequeña a su lado: era la intensidad con la que su mirada gritaba «¡te deseo!» la que me intimidaba así. Mi mente, mi cuerpo y mi alma gritaban «¡Tú también lo deseas!», pero mi cabeza me advertía de forma sensata «Esto es una locura» y fueron esas las palabras que salieron de mi boca.
-Espera, podría venir cualquiera.
Me volvió a besar con la misma intensidad.
-No va a venir nadie.
-Esto es una locura. Tú estás loco.
-Estoy loco por ti-. Y fueron sus labios, apretados contra los míos, su lengua, que recorría mi lengua apasionadamente, su cuerpo, su calor, sus manos, que nunca me dejarían ir… Fueron todas esas cosas las que me hicieron reaccionar.
En ese momento lo todo muy claro. «¡Qué carajo!» , pensé, «Vale la pena morir por ese trozo de queso». Y a la señal de mi sonrisa me guiñó un ojo y, después de mirar bien hacia ambos lados del pasillo para asegurarse una vez más de que no había nadie, me tomó por el brazo y los dos nos metimos apresuradamente en el baño azul.
Nos encerramos en el cubículo más amplio de los dos retretes que había y cerramos rápidamente la puerta con el cerrojo. Miramos a la puerta conteniendo el aliento y nos miramos.
Una parte de mí estaba segura de que aquello era una locura. La otra parte de mí estaba segura de que era una de esas locuras que sólo ocurren una vez en la vida y se recuerdan para siempre. Y supe que desde aquel momento, él iba a estar siempre en mi mente.
A partir de ese instante quedé convencida. Ya estaba dentro, dispuesta a hacer con él lo innombrable en aquel lugar prohibido. Me dejé llevar por la emoción y aquel vasto retrete se convirtió para mí en el templo del morbo. Sentí muchas cosas en ese momento que nunca le dije, porque la regla general era no romper el silencio: en caso de que viniera alguien no era adecuado que nos descubrieran.
Soltamos a la vez nuestras mochilas en el suelo y nos acercamos para besarnos con pasión. Me colocó contra la pared mientras nuestras lenguas luchaban ferozmente en un beso húmedo y nuestras manos leían el cuerpo del otro. Las de él agarraron firmemente mi trasero empujándome contra su cuerpo y las mías correspondieron clavándose en su espalda. Notaba su excitación desde su pantalón hasta mi pubis así que bajé mi mano derecha para dejarle claro lo que quería. Localicé fácilmente su miembro y lo acaricié incitando a un contacto directo. Su respuesta fue muy rápida y su mano también bajó a mi entrepierna. Yo reprimí un gemido y en un momento de debilidad dejé que él me tocara por todas partes mientras yo estaba cada vez más ansiosa. Mientras me besaba el cuello y el escote fue retirando un poco el sujetador para que su lengua pudiera llegar a mis pechos. El contacto de su lengua húmeda en mi pezón me volvió loca. Me lancé a desabrocharle el cinturón mirándole a los ojos e intentando decirle con la mirada: «No aguanto más. La necesito dentro. AHORA». Y él captó mi mensaje enseguida.
Cuando ya había separado el cierre de su cinturón, él estaba bajándome los pantalones. Saqué solo una pierna, lo suficiente para que saliera la tanga y para vestirme después rápidamente en caso de huída. Después sus dedos buscaron mi clítoris por encima de la fina tela de seda de mi ropa interior y yo estaba tan caliente que volví a tocar su sexo, esta vez soltando un jadeo apenas audible junto a su oreja. Esto tuvo mucho efecto ya que metió su mano para rozarme directamente la piel casi con ansia. Lejos de pararme a disfrutar de aquel dulce contacto, sus dedos despertaron todas las ganas de sexo que tenía y que podría tener así que lo separé de mí, le bajé los pantalones y me arrodillé para besarle por encima de sus bóxers. Él colocó una de sus manos en mi cabeza y supe que eso le gustaba, pero también supe que quería más. Saqué su miembro por encima de sus calzoncillos, ya totalmente erecto, para pasar mi lengua por él, lenta y sensualmente, mientras le miraba desde abajo con una pícara sonrisa. No estuve así mucho rato, porque él mismo me levantó y se agachó, me retiró la tanga, me abrió las piernas y comenzó a pasar su lengua por mi clítoris.
Noté que mi respiración se aceleraba y el placer era tal que tuve que meterme el dedo índice en la boca y morderlo suavemente para no gritar. Ese gesto, igual le encantó. Sus labios fueron ascendiendo en una escalera de besos apasionados por mi abdomen y mi pecho hasta llegar a mi pálido cuello, donde me mordió con suavidad mientras pegaba todo su cuerpo al mío. Lo conduje hasta el retrete (afortunadamente limpio) e hice que se sentara… para luego sentarme yo encima, cara a él. Esta vez tenía yo el mando, así que cogí su sexo y lo introduje dentro de mí. Después de ese momento, ambos enloquecimos. No hace falta relatar los detalles: basta decir que fue tan frenético como planeado, tan dulce como violento, tan morboso como prohibido, tan especial como siempre. Yo, agarrada a su cuello y moviendo mi pelvis rítmicamente sobre él, jadeando en su oído y tirándole por el pelo sin llegar a hacerle daño. Él, con sus manos en mis nalgas, dándome el ritmo y todo el amor, penetrándome ferozmente mientras me besaba por todas partes a donde su boca llegaba. Nos miramos a los ojos y dijimos todo aquello que el silencio ocultaba para no morir. Y sonrió.


De repente, me cogió en peso para colocarme de pie y me puso cara a la pared, empotrándome contra ella, situándose tras de mí. Y mientras me la iba metiendo despacio por detrás sus manos me tocaban todo el cuerpo. En el momento del orgasmo, el orgasmo más silencioso que he tenido nunca, cuando mis uñas resbalaron por los azulejos azules y mi cuerpo se estremeció de pies a cabeza, él aprovechó para terminar dentro de mí, abrazándome la cintura y soltando una respiración muy profunda, como modo de represión de su último gran gemido, para después besarme en mi boca entreabierta, la puerta de ningún sonido.
Cuando acabamos nos vestimos apresuradamente y él abrió la puerta para ver si había alguien fuera. Con un gesto me indicó que saliera rápido. Una vez en el pasillo respiré tranquila. Nadie. Absolutamente nadie. Nos miramos sonriendo y, aunque ya no había ninguna duda de lo enamorada que estaba de él, pensé en decirle “te quiero”.
-Te amo -susurró él adelantándose  mientras me besaba en la frente sonriendo.
-Yo a ti más -sonreí. Y agarrados por la cintura abandonamos el tercer piso, donde hay un baño que vio mucho, escuchó poco y que, sobre todo, nunca dirá nada, compartiendo así un secreto único entre él y yo.

- Arin.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Maletas y trenes

...
Y pasaste a mi lado. Te veía acercarte desde donde estaba apoyado en la pared mientras se oía aún el pitido que avisaba del cierre de puertas del tren. Miré tú llamativo pelo color rojizo mientras girabas ep cuello para, por un segundo, cruzarse con mi mirada. No pude evitar sonreír al verte dar cortos pasitos para colocarte de pie en el vagón junto con la maleta de la que tirabas. La dejaste en el rincón, más o menos estable, y comenzaste a recorrer el vagón buscando un sitio.
Entonces pasaste a mi lado y un nuevo cruce de miradas tuvo lugar. Asombrado por la hermosura de tu cara y la cercanía de tu cuerpo aspire profundamente sin darme ni cuenta y tu dulce olor penetro mis pulmones hasta llegar al corazón. ¿cómo podías oler tan bien? Embriagado, suspire tan profundamente que te diste cuenta. Y medio segundo después la maleta cayó con un golpe seco al otro lado del vagón. ¿quién diría que ese instante causaría todo aquello después? ¿o quizá fue la sonrisa que me regalaste cuando te ayudé a levantar el equipaje?
...

-él-